Otro día más

-Por qué no estas conectado al chat? – Preguntó ella de pié an la entrada del cubiculo a Ricardo que masticaba parsimoniosamente su manzana. Ricardo la miró perplejo, no por que no entendiese la pregunta sino por que el tono de confianza le descolocó y no supo que responder.

-Ricardo! – insistió ella – Te estoy hablando, responde – El la miraba como si la mujer fuese de otro planeta.

-Ricardo, no debemos consumis sustancias psicotrópicas en el trabajo, tu lo sabes – Se agachó frente a el para obserbar la diltación de sus pupilas, cuando lo hizo, ricardo tubo una viión descorsertante de lo que no tapaba el escote de la mujer.

– Estoy comiendo – Dijo derrepente, porfabor, no me molestes – La miró a los ojos dandole entender que debía guardar su distancia.

-Entiendo que estes enojado, perdón por haber sido tan fría la otra noche, es que estaba desesperada, solo quería irme a casa a ver a mi hija, quería agradecerte por ayudarme, e invitarte a almorzar.

-Lo siento – Respondió él – Ya me comí mi manzana, tengo que volver a trabajar.

-Entoces mañana – Insistió ella, y se fué sin dejar que el hombre replicara.

Ricardo estaba perplejo, comenzó a sudar frió, las manos le temblaban, le costó un mundo sustraerse y concentrarse en su trabajo, las horas pasaba lentamente en la oficina y él solo quería retirarse, quería volver a su departamento donde nadie podía podía molestarlo, donde lo controlaba todo donde los onidos no podían penetrar, donde no podía cometer errores donde no habrían ojos que lo jusgaran por sus muecas por sus palabras por sus opiniones por sus gestos por su ropa por su acento por que era muy callado o por que hablaba mucho.

Tecleaba sin parar,  no quería estar en ese lugar un segundo más, lo nervios incontrolables habían bajado, se habían concentrado en la boca de su estomago y le producián un malestar físico que lo dejó agotado.

A la hora de retirarse, se paró en la puerta de su cubiculo como todas las tardes sin escuchar las voces de los otros seres humanos, con el rostro descompuesto miraba la alfombra y apretaba los dientes rogando por que el ganado se retirase pronto para poder salir.

El aire fresco en su rostro fué un alivio, encontró una banca donde pudo respirar mejor y reflexionar en torno a la desquiciada actitud de la mujer, despues de divagar por largos minuto mientras el sol se escondía entre los arboles decidió que lo mejor sería ignorarla, era simple y siempre daba resultado, no podía permitir que nadie irrumpiese en su vida obligandolo a cambiar sus costumbres, él no se esforzaría nunca por entender a nadie, y esta no sería la exepción.

Llego a su departamento, calentó en el microondas una sopa de fideos con sabor a pollo durante tres minutos, encendió el equipo musical y comió tranquilo, luego se desnudó, encendió el calefont, y se dió una ducha, lavó la ropa, plancho la que usaría al otro día y la colgó muy ordenada en el colgador que tenía especialmente para esos efectos. Luego se acostó puso la cabeza en la almohada y se durmió.

A la mañana siguiente, luego de la rutina diaría, salio de su casa y se diriguió hacia la oficina, espero las 8am en punto para entrar y saludar de manera distante a la secretaria.

-Buenos días

-Buenos días don Ricardo – Respondió la mujer somnolienta.

Y Ricardo se dirigió a su cubiculo, dejó su maletita e el lugar de siempre, se desembarazo de su chaqueta, encendió su máquina y comenzó a golpear las teclas.

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