Fresco como una Lechuga

Ricardo navegaba en su inconciente, sabiendo que su cuerpo estaba cambiando, que ya no era él mismo, que su identidad se había desdibujado, no era concinte de lo que hacía cuando abría la boca y esos asquerosos tentáculos salian para estrangular a la gente o cuando comia sesos crudos y ponía semillas en los craneos recien vaciados, su cuerpo se movía empujado por otra voluntad que no era la de él, no era Ricardo, y sin embargo no escuchaba ninguna otra voz ni estaba tampoco en desacuerdo ni trataba de impedir lo que se sucedía, las cosas pasaban frente él y él podía verlas, sin embargo así como la vida, las cosas pasaban sin que él diera cuenta de que el tiempo es la prisión de la existencia y no se detiene ante nada, los acontecimientos se sucedian uno tras otro como si fueran un mal sueño, ahora estba soñando y aún así no veía nada más que un bosque, un bosque humedo y tenebroso donde las hojas se podrían bajo sus pies y la luz moría entre el espeso follaje y solo llegaba su inutil cadaver para dejarlo apreciar en medio de la penumbra el infinito pero pequeño espacio donde se encontraba, en el suelo habían frágiles setas, y en el suelo se movían alimañas que oxigenan la tierra, las cortezas de los árboles eran gruesas y las hojas duras y multiformes, su cuerpo ya no estaba más, y el era parte del bosque, sus ojos eran las ojas y el aroma humedo del bosque entraba por toda su piel, veía mil imágenes traspuestas y juxtapuestas y mezcladas y repetidas desde diferentes angulos y sus pies se  enterraban profundos en la tierra y buscaban agua y se saciaban y ciertos pajaros cantaban en su oido y le pedían que despertase por que ya era hora de conciliar sus naturalezas.

Despertó fresco como una lechuga, habían pasado solo diez minutos, y eso había sido suficiente, su pelo había caido, en la almohada podía ver enormes mechones castaño oscuro, se sentía diferente, fué a mirarse al espejo del baño y se vió venoso como si tuviese vároces en todo el cuerpo, su piel estaba pálida, sus uñas se habían caido y su panza estaba inflada y su ombligo sobresalía desanudado a punto de reventar.

– voy a luz – dijo aterrorizado hablandose a lo que supuestamente era él.

Recordó entoces haber leido alguna vez una historia de un cheko, hacerca de un tipo que lentamente se transforma en cucaracha, y de comidas frescas pasa a comer pan duro y queso rancio. Luego penso en checoeslovakia, un país que ya no existía, por que los países ya no existían, por que la superficie de la tierra era un campo de prisioneros, y solo las plataformas de midgard y Asgard que se encontraban en la estratosfera ofrecían confort a los seres humanos, el cocnocimiento era libre y estaba al alcance de todos, no era posible tener hijos por que todos eran esterilizados al nacer, un chip en la pituitaria le decía a los Malech, los mensajeros de los Dioses Magnates que viven en Asgard donde estabas todo el tiempo, las plataformas estaban unidas a la tierra por un cable de acero y fibra optica y enormes mangueras tubos y todo el conjunto formaba el Igdrasil, el árbol del mundo de la mitología de los que se hacian llamar Nordicos por que vivien en el emisferio norte, él estaba mutando y no tenía idea que rol jugaba en la historia de un mundo que estaba controlado por los autoproclamados Dioses, aquellos seres humanos que habían por fin logrado el anhelo de la vida eterna, pue en Asgard estaba el jardin de las elíades donde hay un durazno y sus frutos dorados entregan la facultad de vivir por siempre a quienes lo comen, y el nectar que es un elixir de la vida que cura toda enfermedad fluye desde el centro del arbol del mundo hasta una pileta donde los dioses van todas las mañanas a beber para rejuvenecer sus rostros eternos.

entonces comenzó a sentir los dolores de parto y su ombligo se desenrolló por completo, y una luz venía del agujero que se formaba en su vientre, algo venía, algo estaba naciendo y él sería su madre padre.

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