El cielo cae

Ygdrasil había sido una utopía hermosa, funcionaba como un reloj, era la salvacion de la humanidad, era el futuro de la tierra, en ella se encontraban bancos genéticos de animales, plantas y humanos extintos, planos para fabricas y objetos, textos de estudio sobre tecnológía, historía, politica, sicología, sociología, se encontraban los archivos más grandes de la tierra con todo el conocimiento que los hijos de adan había obtenido hasta ese momento, la teoría unificada, la química, las matemáticas, la filosofía, el conocimieno logaritmico del más ayá y las dimensiones que acompañan el fluir del tiempo y aquellas que están ancladas a otros flujos y otros planos, y la imposibilidad del cuerpo humano para moverse libremente en el tejido cuantico.

Todo aquello cayó ese día desde su sitio elevado, el cielo cayó y los dioses se escaparon al espacio exterior pues ellos ya habían previsto esta situación como ya habían previsto y planeado la primera singularidad, la que destruyo la superficie de la tierra, los inmortales se dejaron llevar por la gravedad y terminaron orbitando la tierra habiendo se olvidado completamente de ella, se pusieron a dormir en camaras hiperbaricas dejando al cuidado de sus cuerpos a nanorobots, y a unos pocos científicos a cargo de uno de ellos, el cual devía estar de guardia durante cien años y luego volver a dormir para que otro tomase su lugar, los cientificos no habían sido tratados contra la vejez, por que eso era solo para los dioses, los científicos se clonaban a sí mismos y se enseñaban sus conocimientos mientras trabajaban en desarrollar una manera de volver a la tierra cuando esta estuviese curada y ademas una manera de limpiar la tierra de los escombros de la civilización que una ves había existido.

Los seres humanos que se escondían como ratas y estaban a manos de delincuentes eran ahora perseguidos por los angeles y cuando estos murieron al fin, perseguidos y exterminados en masa por las bombas químicas enviadas desde la cupula de Asgard que obitaba la tierra, los dioses querían la tierra para ellos y los supervivientes no eran más que ratas en el granero de los elejidos.

Sin embargo, los dioses habían desatado a dos demonios en la tierra que tenían hambre y necesitaban alimentarse, la partida cientifica debía encontrar la manera de destruir a esos seres, que algún día fueran los angeles que salvarían Ygdrasil y ahora eran los demonios que asolaban la creación y no podrían hacer suya la esfera celestial a menos que aquellos dragones fuesen destruidos.

El Gran hombre vió morir a su hijo y no sintió el menor remordimiento, ordeno la matanza de los prisioneros y no sintió el menor escozor en su alma, pero cuando el estruendo remecio la tierra y la mitad del mundo vio colapsar al gran arbol, y la inalcanzable middgard entonces un escalofrío recorrio su espinazo y un sudor frío corrio por su frente, la grán cúpula parecia una pluma cayendo lentamente, el tronco del arbol se quebraba, los angeles y sus tropas se esparcieron por la tierra para destruirlo todo y a todos y detras de ellos los demonios avanzaban comiendoselo todo, las almas de los desdichados no se salvaron de ellos y los nuevos dioses mandaban ahora sobre los angeles que se sentían con derecho de gobernar los restos del mundo.

El hombre vió la situación y se preparó para enfrentar la gran catastrofé que se cernía nuevamente sobre los habitantes que habían sobrevivido al primer cataclismo.

Katarsis

Llegò a los aposentos del gran hombre, despachò a los guardias que estaban distraìdos pendientes del caos que se desarrollaba abajo, mientras miraban por la baranda extasiados como masacraban a los estùpidos prisioneros, Felipe los degllò sin remordimientos, dejando un carco enorme de sangre que caìa como chocolate caliente deerramada sobre la mesa hacìa el primer piso de alcazar.

Abriò la puerta, entrò y contemplo el cuarto en penumbras, frente a èl habìan dos enormes gordos con los brazos cruzados, màs ayà estaba la cama del hombre una enorme y mullida tres plazas y a su lado el trono de bronce bruido donde se sentaba el maldito, a sus pies habìan cuatro conccubinas voluptuosas semidesnudas, y atados a cada uno de los brazos del sillòn habìan cuatro perros mestizos enormes que se pararon y gruñieron mientras mostraban los dientes.

El Hombre lo mirò con desprecio, agarrò una lata cilindrica de color rojo con letras plateadas y blancas, y la presionò de manera que un Clockh shhhhhhhhh!! rompiò el silencio, luego una de las mujeres le acercò un vaso lleno de cubos de lo que parecìa ser vidrìo, era hielo, Fernando jamàs habìa visto hielo artificial, el hombre tomò el vaso y comenzò a vertor el liquido negro y espumante en su interior, el vaso se empañò, y una espuma madia amarillenta comenzò a subir seseando y luego a abajar hasta convertorse en un burbujeante brebaje.

El gran hombre bebiò un par de sorbos que terminaron en un stahhhhhhhhhhh, y luego añadiò

-Maten a ese crìo, me aburre.

Los enormes obesos se acercaron a èl, demasiado lentos, el muchacho los apuñalò varias veces en varios lugares sin que puediesen tovarlo y sin embargo lo gordos no daban muestras de daño, los puñales no habìan atravesado la armadura de grasa que los protegìa, el hombre se rìo entonces y aplaudiò, Fernando se esforzò para no desconcentrarse, pasò por entre los tobillos del primero y cortò los ligamentos el otro se tropesò con la bola de grasa caida y aprovechò para cortarle la garganta, el primer grasoso se estaba asfixiando por el peso del cadaver que lo aplastaba.

el joven se diò la vuelta solo para darse cuenta que cuatro mastines enormes y feroces habìan sido soltados y se dirigìan hacia èl ladrando con las fauces abiertas llenas de colmillos afilados, se parò bien y los enfrentò de detras del cinturò sacò una pistola que le habìa robado a los guardias y disparò con preseciòn cuatro veses y luego apuntó al gran hombre que al ver el arma de fuego habìa extraido ya la de èl, los dos apretaron el gatillo al mismo tiempo, las balas cruzaron el aire y la experiencia le ganò al impetù de la juventud, la distancia era mayor y el joven jamàs habìa disparado antes, cayò sangrando de una herida en el cuello, la vida se le escapaba por el agujero pero èl joven se negaba a morir, disparò un par de veses más hasta vaciar el arma, pero su vista estaba ya borrosa y sus manos perdìan la fuerza, los sonidos se fueron alejando cada ves màs y el silencio y la oscuridad fue todo lo que pudo percibir.

suicidio express

Fenando habìa sido un chico golpeado por la vida, su madre lo habìa abandonado no bien lo habìa parido, creciò entre la basura, la poluciòn, las ratas y las ruinas de un mundo decadente y sin esperanza. Los señores del crimen, los despiadados que habìan acumulado armas y se habìan alimentado bien habìan formado bandas màs o menos ordenadas para exlotar a los demàs seres humanos que trataban de sobrevivir a las terribles condiciones.

La raza humana se habìa vuelto debil y quejumbrosa, reclamaban por aumentos de salario y por màs comodidades en sus vidas diarias, por vagones de metro màs amplios, por lujos que en este mundo eran inimaginables, la mayorìa de aquella generacion que viò el mundo como solìa ser estaba muerta, y solo prevalecìan los cuentos, las leyendas, los dibujos, las pinturas en las cavernas en las cuales los ductos de los trenes metropolitanos se habìan convertido, la mayorìa de los aparatos que funcionaban a base de electricidad habìan desaparecido y los que quedaban eran inserbibles y las personas no sabìan como ocuparlos.

Habìa un hombre, sin embargo, tan sabio como despiadado, que habìa formado su grupo de pandilleros y se habìa expandido màs que los demàs, en parte gracoas al conocimiento de ese mundo anterior y de los tesoros que aùn se podìan utilizar en medio de las ruinas de lo que habìa sido la gran era moderna.

El hombre poseìa paneles solares, les habìa enseñado e los hombres a construir invernaderos y a cultivar la tierra, habìa recuperado armas antiguas y poderosas con las cuales mantenìa a raya  a sus enemigos e impartìa su raciòn de miedo a sus esclavos, nadie salvo èl y sus màs cercanos tenìan acceso a armas de fuego y vehiculos a gasolina que era màs avliosa que el oro para èl, nadie màs que los delincuentes bajo su mando tenìan accaeso a armas de acero sofisticadas, espadas y escudos y armaduras y arcos y flechas y balistas que habìa recuperado del viejo mundo.

Los hombres normales, aquellos que no poseìan el conocimiento, tenìan suerte de conseguir una pedazo de fierro para utilizar como porra, una horqueta de madera o algho por el estilo ara poder defenderse, solo los àngeles, los mensajeros de los dioses eran màs poderosos que èl y menasaban su hegemonìa, o eso era lo que èl creìa hasta ahora.

Los guardoas no se dieron cuenta de que Felipe se habìa deslizado sigilosamente por la alcantarilla de las mazmorras, avanzò en medio de la oscuridad y degarrò la garganta del guardia que dormìa peresoso, su acto no pasò desapersivido por los prisioneros, a los culales liberò para generar una distracciòn.

Mientras los hombres avanzaban raudos por los pasillos del alcazar tratando de alcanzar la salida, y los hombres de confianza del poderoso regente ocupaban sus valiosas balas en destruir su craneos para impedir su escape, mientras los guardias armados con ballestas y con espadas pasaban raudos por la armerìa despertados por la alarnma general y todos eran convocados al patio principal para destrozar a los pricioneros que habìan sido atrapados como ratas y ejecutados en el momento.

Felipe se dirigìa hacia arriba, hacia donde estaban los aposentos del que sabìa era responsable de la muerte de sus amigos, de su madre, de la prostituta de la cual se habìa enamorado y de la perdida de su pequeño reinado, Fernando subìa sigiloso en medio del caos y el desorden para tomar venganza del hombre que regìa su destino desde que habìa nacido, y ese hombre era nada menos que su padre.

Como rata

Fernando se escondiò en los tunles mejor que sus camaradas, que sus amigos, que los adolescentes que intentaban mejorar su vida en la ùnica manera que conocìan, en la ùnica manera que ese mundo les permitìa, ellos eran los ladrones de los opresores, ellos le robaban al ladròn, al malvado, al enemigo de todos.

Algo asì no podìa durar, los perros del Señor de la ciudad entraron a los tùneles gracias a las indicaciones de uno de sus compañeros, el joven habìa sido torturado brutalmente, habìan empesado por llevarlo al gran edificio donde residìa el gran jefe y lo habìan llevado al sotano, a la luz de las velas le habìan sacado las uñas, luego le rebentaron los dedos de los pies uno por uno con un martillo, y por ùltimo, comenzaron a golpear sus gònadas repetidamente con una vara de aluminio, se habìa desmallado varias veces, pero lo reanimaban para que siguiese sintiendo dolor, el muchacho finalmente hablò, hablò para acabar con el sufrimiento, hablò para que sus verdugos terminasen por fin con su vida, Hector era el mejor amigo de Fernando.

Los demàs jovenes que estaban en el refugio fueron ejecutados en la medida que los atrapaban, sus cabezas rodaron por las mudas alcantarillas,  sin ratas y sin testigos, la mercaderìa fue recuperada y el gran jefe se quedo tranquilo.

Fernando habìa perdido todo, sus amigos, su independencia, sus mujeres, su lugar seguro, decidiò que era suficiente, el entrarìa al salon del gran jefe y lo descuartizarìa de una ves por todas.

Tomo sus cuchillos y comenzò a afilarlos, descansò bastante y comiò bien, repasò en su mente el plan que venìa barajando desde hacìa tiempo, habìa conseguido localizar la entrada al gran edificio, una que no habìa sidfo descubierta, preparò los viveres y las antorchas y comenzò su vagancia por los tuneles.

El chisporroteo de las antorchas, el sonido de su respiraciòn, y sus pasos eran lo ùnicop que rompia el cumulo de pensamientos que lo embargaban, estaba cometiendo una locura, lo sabìa, lo màs probable era que muriese en el intento y sin embargo no habìa nada que perder en este mundo acabado, y si mucho que ganar, ganarìa un reino, mujeres y comida a destajo, gloria, y lo màs importante, obtendrìa venganza.

Avanzò durante tres semanas deteniendose para comer y dormir, sin tener idea de la hora, los tuneles plomisos eran perpetuamente oscuros, y las antorchas se le estaban acabando, era mejor caminar con menos peso, pero eso le indicaba que sus provisiones se estaban agotando, se sintiò perdido en varios momentos, y la posibilidad de no encontrar la salida le hiso sudar frìo y sentir que el miedo le atenasaba el corazòn, no era la primera ves, habìa estado perdodo otras veces en los inmensos tuneles, cuando recien los descubriò, cuando aùn no soñaba con tener poder, con mandar, con comer decentemente todos los dìas, ahora su destino y su futuro tenìan un sentido y no querìaextraviarlos en medio de las cloacas.

Among the living

There was a simple man looking up the stars
There was an big green tree moved by the wind
Heat and desert, water and river, mountain and snow
There are so many things that i will never know

There was a milk white skin girl a cross the street
There was a pigeon eating among the grass
Fish and Shellfish, rock and sand, ocean and sky
There are so many things i will never try

There was a book in a shelving full of dust
There was a buried bird eating a serpents egg
Cloud and rain, lightning and thunder, skin and heat
I wan to end my life right here.

Chaleco de mono

El cañón de la bereta se elevó cortando el aire expresando los más profundos sentimientos que se anidaban entre las sejas del hombre, el dedo presionó el gatillo, los casquillos volaron en camara lenta por el aire liberando la profunda frustación, las balas penetraron la delgada capa de carne, rompieron el lobulo frontal, liquaron la masa encefálica, atravesóo una vez más la duramadre y fracturó el lobulo occipital derecho abriendo un boquete por el cual se desparramaron los sesos cual oleo en las manos de un Jackson Pollock fuera de sus cavales y en su época más fructífera.

El silencio que lesiguió a la áltima explosión se prolongó varios segundos que para los admiradores de aquella obra de arte neoexpresionista alemana era un happening donde el artista transformaba su vida en obra, los asistentes se quedaron boquiabiertos tiritando por que sabían que aquello continuaría hasta que mejorara el endemoniado humor del Karel Apell del futuro.

– Tomo medidas de bestia en un tiempo de bestias – Exclamaba con lo ojos blancos sabiendo que nadie entendía una palabra del discurso ilustrado que el Alquimista les entregaba para convertirlos del más vulgar de los materiales al más valioso de ellos.

-Hasta cuando van a dejar que una banda de adolecentes asalten las carabanas con comida y agua? – Les preguntaba calmadamente mirandolos a los ojos, recorriendo sus sucios, tostados y sudorosos rostros.

-Hermanos míos. – Continuaba – He sido yo quien les ha enseñado cómo sostener un imperio donde los demas trabajen para ustedes, He sido yo quien les ha enseñado como manejar a los hombres, dandoles esperanza y quitandoles todo lo demas al mismo tiempo, y ellos los aclaman y ellos nos aclaman y nos buscan, somos lo mejor de este podrido lugar. No hagan el ridiculo frente a aquellos que debieran temerles y amarles como seres divinos, como a aquellos angeles que viven en la gran torre, ustedes son mis demonios y este es nuestro infierno, y aquí mandamos nosotros y ustedes son la mano que castiga la desobediencia y la que toma lo que quiere de los demas por que los demas entán en sus manos, muestrenme su poder hermanos míos, deshaganse de esas molestas ratas.

Terminó su discurso y se dió la media vuelta, y con la pistola en la mano hizó un gesto que indicaba que podían romper filas y retirarse. Todos sabían que el Hombre estaba medio loco, pero nadie cuestionaba que sus metodos funcionaban y que era él quien poseía el conocimiento que se había perdido de muchas muchas cosas que eran comunes en el pasado y que ahora eran como magia para ellos, y por eso lo respetaban y le temían.

El Hombre estaba al tanto de ello, guardo su arma en la sobaquera de cuero y sentó en la silla de oro sólido que había pertenecido a Luis XVI el rey sol, y como Napoleón, comenzó a pedir los informes diarios, a tomar desiciones y a mandar a los chaskis con las valiosas instrucciones a los distintos puntos de la urbe que manejaba con puño de hierro.

Despues de medio día, luego de haber comido mientras recibía y mandaba sus ordenes, se levantó de la gran silla y se fué al enorme cuarto con ceramicas de lapizlazuli y candelabros dorados, dejó caer el enorme abrigo de piel de leopardo de las nieves y se sumergió en su Harem personal para recibir su dosis de placer diario, confiado en que todo en su pequeño y prospero reino estaba bajo control.

Lo que llamamos espiritual

El doctor Christian Abarca les estaba explicando que era completamente necesario ocupar el campo dimensional antes de empesar a luchar con los Jotùn, de esa manera protegìan la cupula geodesica de la destrucciòn, ademas de los pocos humanos que aùn quedaban vivos, debìan protejer a los ciudadanos de middgard a toda costa, pues ellos eran muy valiosos, en terminos de recursos.

Segùn el doctor, no bastaba con que ellos lucharan en el mismo plano que los espìritus, pues ellos estaban y no estaban al mismo tiempo, por lo tanto era necesario anclarlos a un plano existencial para poder destruirlos sin que conservaran su esencia en la dimension de origen, se recuperasen y volviesen a semientrar en la nuestra para alimentarse nuevamente.

Lo que el doctor no sabìa es que los Jotun ya se habìan alimentado lo suficiente mientras nadie se daba cuenta de su precencia, llevaban siglos alimentandos e de la emociones humanas, llevaban milenios manipulando las clases dominantes para generar conflictos y sufrimientos, llevaban eones asombrandose de la capacidad monstruosa de la raza que estaban por conquistar, pues muchas veces ellos se veìan aùn sobrepasados por la profundidad del odio que los corazones humanos son capaces de generar.

Cuando Mario y Sergio se enfrentaron por primera ves a un grupo de helados, los gigantes se vieron sorprendidos por el cambio en la vibraciòn de sus cuerpos, su duda fuè lo que los justicieron necesitaron para hacerlos pedazos y luego con sus bombillas alargadas comerselos como si fuesen un jarro de limonada refrescante.

Los hombres tenìan hambre constantemente, y no sabìan como calmarla, pues la comida del mundo ya no los satisgfacìa, su cuerpo inmaterial necesitaba comida inmaterìal, y la primera ves que destrulleron a esos gigantes se dieron cuenta que era eso lo que necesitaban, los Jotun se convirtieron en nada màs que paletas de helado de enorme tamaño que vagaban por middgard.

La operacion del doctor y su singularidad controlada era un completo exito, sin embargo faltaba descontaminar midgard de los sembrados, los seres humanos a los cuales se les habìa extraìdo el cerebro y les habìan plantado las semillas del arbol de la vida, hibridos mal hechos con hambre insaciable y fuerza descomunal, presentaban un verdadero problema para los Tronos y las legiones que habìan subido a midgard a ayudar.

El plan fuè concevido en medio de la desesperaciòn,  atraerìan a los sembrados hasta una exclusa y los dejarìan caer varios kilometros hacìa el infierno, la superficie de la tierra.