suicidio express

Fenando habìa sido un chico golpeado por la vida, su madre lo habìa abandonado no bien lo habìa parido, creciò entre la basura, la poluciòn, las ratas y las ruinas de un mundo decadente y sin esperanza. Los señores del crimen, los despiadados que habìan acumulado armas y se habìan alimentado bien habìan formado bandas màs o menos ordenadas para exlotar a los demàs seres humanos que trataban de sobrevivir a las terribles condiciones.

La raza humana se habìa vuelto debil y quejumbrosa, reclamaban por aumentos de salario y por màs comodidades en sus vidas diarias, por vagones de metro màs amplios, por lujos que en este mundo eran inimaginables, la mayorìa de aquella generacion que viò el mundo como solìa ser estaba muerta, y solo prevalecìan los cuentos, las leyendas, los dibujos, las pinturas en las cavernas en las cuales los ductos de los trenes metropolitanos se habìan convertido, la mayorìa de los aparatos que funcionaban a base de electricidad habìan desaparecido y los que quedaban eran inserbibles y las personas no sabìan como ocuparlos.

Habìa un hombre, sin embargo, tan sabio como despiadado, que habìa formado su grupo de pandilleros y se habìa expandido màs que los demàs, en parte gracoas al conocimiento de ese mundo anterior y de los tesoros que aùn se podìan utilizar en medio de las ruinas de lo que habìa sido la gran era moderna.

El hombre poseìa paneles solares, les habìa enseñado e los hombres a construir invernaderos y a cultivar la tierra, habìa recuperado armas antiguas y poderosas con las cuales mantenìa a raya  a sus enemigos e impartìa su raciòn de miedo a sus esclavos, nadie salvo èl y sus màs cercanos tenìan acceso a armas de fuego y vehiculos a gasolina que era màs avliosa que el oro para èl, nadie màs que los delincuentes bajo su mando tenìan accaeso a armas de acero sofisticadas, espadas y escudos y armaduras y arcos y flechas y balistas que habìa recuperado del viejo mundo.

Los hombres normales, aquellos que no poseìan el conocimiento, tenìan suerte de conseguir una pedazo de fierro para utilizar como porra, una horqueta de madera o algho por el estilo ara poder defenderse, solo los àngeles, los mensajeros de los dioses eran màs poderosos que èl y menasaban su hegemonìa, o eso era lo que èl creìa hasta ahora.

Los guardoas no se dieron cuenta de que Felipe se habìa deslizado sigilosamente por la alcantarilla de las mazmorras, avanzò en medio de la oscuridad y degarrò la garganta del guardia que dormìa peresoso, su acto no pasò desapersivido por los prisioneros, a los culales liberò para generar una distracciòn.

Mientras los hombres avanzaban raudos por los pasillos del alcazar tratando de alcanzar la salida, y los hombres de confianza del poderoso regente ocupaban sus valiosas balas en destruir su craneos para impedir su escape, mientras los guardias armados con ballestas y con espadas pasaban raudos por la armerìa despertados por la alarnma general y todos eran convocados al patio principal para destrozar a los pricioneros que habìan sido atrapados como ratas y ejecutados en el momento.

Felipe se dirigìa hacia arriba, hacia donde estaban los aposentos del que sabìa era responsable de la muerte de sus amigos, de su madre, de la prostituta de la cual se habìa enamorado y de la perdida de su pequeño reinado, Fernando subìa sigiloso en medio del caos y el desorden para tomar venganza del hombre que regìa su destino desde que habìa nacido, y ese hombre era nada menos que su padre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s