Katarsis

Llegò a los aposentos del gran hombre, despachò a los guardias que estaban distraìdos pendientes del caos que se desarrollaba abajo, mientras miraban por la baranda extasiados como masacraban a los estùpidos prisioneros, Felipe los degllò sin remordimientos, dejando un carco enorme de sangre que caìa como chocolate caliente deerramada sobre la mesa hacìa el primer piso de alcazar.

Abriò la puerta, entrò y contemplo el cuarto en penumbras, frente a èl habìan dos enormes gordos con los brazos cruzados, màs ayà estaba la cama del hombre una enorme y mullida tres plazas y a su lado el trono de bronce bruido donde se sentaba el maldito, a sus pies habìan cuatro conccubinas voluptuosas semidesnudas, y atados a cada uno de los brazos del sillòn habìan cuatro perros mestizos enormes que se pararon y gruñieron mientras mostraban los dientes.

El Hombre lo mirò con desprecio, agarrò una lata cilindrica de color rojo con letras plateadas y blancas, y la presionò de manera que un Clockh shhhhhhhhh!! rompiò el silencio, luego una de las mujeres le acercò un vaso lleno de cubos de lo que parecìa ser vidrìo, era hielo, Fernando jamàs habìa visto hielo artificial, el hombre tomò el vaso y comenzò a vertor el liquido negro y espumante en su interior, el vaso se empañò, y una espuma madia amarillenta comenzò a subir seseando y luego a abajar hasta convertorse en un burbujeante brebaje.

El gran hombre bebiò un par de sorbos que terminaron en un stahhhhhhhhhhh, y luego añadiò

-Maten a ese crìo, me aburre.

Los enormes obesos se acercaron a èl, demasiado lentos, el muchacho los apuñalò varias veces en varios lugares sin que puediesen tovarlo y sin embargo lo gordos no daban muestras de daño, los puñales no habìan atravesado la armadura de grasa que los protegìa, el hombre se rìo entonces y aplaudiò, Fernando se esforzò para no desconcentrarse, pasò por entre los tobillos del primero y cortò los ligamentos el otro se tropesò con la bola de grasa caida y aprovechò para cortarle la garganta, el primer grasoso se estaba asfixiando por el peso del cadaver que lo aplastaba.

el joven se diò la vuelta solo para darse cuenta que cuatro mastines enormes y feroces habìan sido soltados y se dirigìan hacia èl ladrando con las fauces abiertas llenas de colmillos afilados, se parò bien y los enfrentò de detras del cinturò sacò una pistola que le habìa robado a los guardias y disparò con preseciòn cuatro veses y luego apuntó al gran hombre que al ver el arma de fuego habìa extraido ya la de èl, los dos apretaron el gatillo al mismo tiempo, las balas cruzaron el aire y la experiencia le ganò al impetù de la juventud, la distancia era mayor y el joven jamàs habìa disparado antes, cayò sangrando de una herida en el cuello, la vida se le escapaba por el agujero pero èl joven se negaba a morir, disparò un par de veses más hasta vaciar el arma, pero su vista estaba ya borrosa y sus manos perdìan la fuerza, los sonidos se fueron alejando cada ves màs y el silencio y la oscuridad fue todo lo que pudo percibir.

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