Capitulo 1 – Condor

Lientaro observó a su objetivo, destacaba de entre los demás Incas por su estatura, lo superaba a él por casi cuarenta centímetros, su cimera, ricamente trabajada en forma de Cóndor mostraba su rango y su abolengo. Se acercó encorvado y tambaleante, como cualquiera que se arrima a la ponchera por enésima vez durante una larga celebración. Sus órdenes eran claras, matar al príncipe Cóndor, general Inca a cargo de la invasión de los territorios del sur del imperio, para detener el avance de los extranjeros en territorio Picunche.

Se irguió de repente estando a un par de pasos de su objetivo, el cual abrasaba a una doncella, hija de un Apo local, que había sido entregada como presente al gran general.

 Los picunches siempre fueron cobardes, recibían a cualquier invasor con los brazos abiertos, es por esto que el mejor lugar para detener a los incas era aquí, antes de que alcanzaran el Itata.

Lientaro se quitó la capucha y dio un empujón al gigante.

– Esa muchacha es mía – dijo, arrastrando la lengua y tambaleándose medio torpe.

– ¡No veo tu nombre en ella! –  Exclamó Cóndor mientras se incorporaba con semblante amenazador.

– ¡Que los dioses lo decidan! – Gritó Lientaro mirándolo con ojos de borracho y la lengua pastosa mientras soltaba un eructo.

El silencio que se apoderó de la fiesta que, luego se tornó rápidamente en  murmullos. Todos se preguntaban quién era aquel extraño, incluso la hermosa joven que era la supuesta causa de la disputa, sin embargo tanto los hombres de Cóndor que lo consideraban invencible en combate singular, como los locales, se entusiasmaron rápidamente por el duelo.

Las apuestas corrieron rápidamente, una muchedumbre se había ordenado en un círculo alrededor de los contrincantes cotilleando en voz  baja.

De entre la multitud, apareció la gran hacha de Cóndor, un arma tan enorme como letal, el mango medía casi dos metros, poseía una media luna de sílex afilada en la punta de unos sesenta centímetros de diámetro.

 Lientaro no se inmutó ante la sonrisa de Cóndor quien blandió su hacha en un movimiento circular ascendente, confiando plenamente en que sus habilidades y la borrachera de su enemigo le darían una rápida victoria.

 Lientaro esquivó el golpe rodando hacia un lado sacando su puñal de pedernal, mientras el arma descendía ahora velozmente sobre su cabeza, el filo se enterró hasta la mitad en la arena, los espectadores exclamaron su asombro gritando animados por el espectacular combate y por el mosto que había fluido libremente durante toda la noche.

 Cóndor miró a Lientaro con furia y asombro, había comprendido que el hombre no estaba tan borracho como le había hecho creer. Soltando un grito levantó el hacha y la paseó a la altura de sus rodillas en un movimiento circular paralelo al piso, que Lientaro esquivó dando un salto atrás, esta vez él se abalanzó sobre Cóndor, su hombro izquierdo se enterró en la cadera del gigante, mientras con sus manos tiró de sus piernas hundiendo el puñal en la parte posterior de la rodilla derecha, Cóndor sostuvo su arma con la intención de hundir la puntiaguda cacha en la espalda descubierta de Lientaro, sin embargo, este detuvo el golpe con la mano izquierda y cortó la axila derecha de su enorme atacante y saltó a un lado para retar al gigante caído a viva voz.

– ¡Ponte de pié Inca! lucha como soldado, ¿o eres un maldito cobarde?

La muchedumbre gritaba excitada, los hombres de Cóndor se miraban entre si sin saber que hacer.

Con un grito ensordecedor, Cóndor se puso en pie apoyándose en la pierna sana, usando su arma para sostenerse, estaba pálido por la pérdida de sangre, sudaba frío y  su vista se nublaba. 

En un último esfuerzo levantó nuevamente su hacha para descargar un potente golpe sobre Lientaro, quien se movió rápidamente hacia adelante esquivándolo, cortando la axila izquierda  y pateando la rodilla sana de Cóndor, quien soltó el arma y se derrumbó con un gemido de dolor. Lientaro sostuvo la cabeza de Cóndor por detrás, y ante la estupefacta mirada de los ahora silenciosos espectadores cortó parsimoniosamente la garganta de del gran general que se desangró al instante.

 La multitud aulló, los pocos que apostaron por el desconocido ganaron una gran cantidad. Los hombres de Cóndor se precipitaron rabiosos al centro del círculo para levantar el cuerpo de su líder y príncipe, y matar al desconocido. La mujer que generó la disputa fue arrestada rápidamente, sin embargo el misterioso novio local no apareció para rescatarla.

Lientaro se había refugiado en el bosque cercano a la playa esperando que se organizaran cuadrillas en su búsqueda. El campamento Inca era un caos.

En la mañana con cuarenta y un hombres menos, la avanzadilla de Inca de conquista, marchaba al norte derrotada por un solo hombre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s