El puto mundo

Habia una vez un hombre, un ser comun y corriente, uno mas en el tejido social, uno de aquellos que agachan el mono y siguen viviendo, uno de aquellos que viven por inercia, que necesitan que alguien les diga lo que tienen que hacer, que miran television por que no quieren pensar, por que las cosas que no son practicas son una molestia, una carga innecesaria.

Este hombre, llamado Ernesto Cardenas, venia de su trabajo como todos los dias,  entre sus manos tenuia el diario la estrella del dia presente, su cabeza se meneaba con el balanceo del microbus com uno de esos perros con cuello de resorte que se colocan en los automoviles, nada podia distraerlo de su abstraccion, el horoscopo del dia habia estado interesante, ya haia pasao la parte de los avisos economicos y se entrenia revisando la programacion de la television, mas abajo estaban los resultados del la Loteria nacional.

En ese momento el microbus freno bruscamente, lo que provoco que Ernesto cayera sobre la voluptuosa joven que venia sentada a su lado, la cual el no habia mirado hasta ahora que tenia sus dos manos en sus turgentes pechos.

Los colores subieron al rostro del hombre de mediana edad, pero la estupefaccion no lo dejo moverse un centimetro, un eterno momento paso entre que la mujer cayo en cuenta de la situiacion, levanto su mano y descargo un mangaso poderoso sobre el embobado Ernesto.

El aporreado y avergonzado hombre se levanto disculpandose y comenzo a buscar su diario, fuera y dentro del microbus habian varias personas heridas, la maquina habia protagonizado un accidente de transito con un avictima fatal, una mujer de 48 anos resulto con su craneo aplastado por las ruedas izquierdas posteriores de el microbus y por consiguiente su masa encefalica quedo desparramada por media avenida, pero a Ernesto le interesaba mas encontrar su diario del dia, pues no habia acabado de leerlo.

Se paseo a gatas por la micro en medio de los adoloridos y quejumbrosos pasajeros hasta que encontro su pedazo de papel, al levantarlo se dio cuenta que debajo de el habia un carton, miro los numeros y cayo en cuenta rapidamente de que habia una gran cantidad de coincidencias entre los numeros impresos en el y los que el diario afirmaba eran los expulsados de la tombola, sin pensarlo dos veces, tomo el carton, lo metio entre las hojas y se hecho todo el paquete al boslillo.

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