El infierno son los demas.

Estaba aùn en la secundaria cuando una obra de teatro llegò a mis manos para cambiar mi percepciòn del mundo para siempre, para hacerme entender que lo importante en la vida es uno mismo, que todo lo demàs està demàs por que esta fuera de nosotros y el individualismo es la clave secreta de la felicidad, por que la euforia y el contentamiento no son lo mismo y los postres deliciosos se comen y se disfrutan en solitario, escondidos saboreando cada molecula de glucosa, estirando los minutos, exitando nuestro pancreas para que secrete insulina y nos despierte el cerebro con esa sensaciòn deliciosa que nos indica que estamos vivos y que los demàs importan un carajo, que serìamos inmensamente felices si se convirtieran en zombies para no sentir culpa cuando los agujereamos a balazos o aplastamos sus inmundos y vacios craneos para derramar su masa encefàlica y abrirnos paso hacia los recursos que ningùn otro humano necesita màs, y por fin eres libre y por fin se acabo el mundo y por fin llegò el apòcalipsis y por fin puedes hacer lo que siempre habìas deseado, por que la represiòn ha acabado y la red opresora que mantiene en pie esta sociedad ha colapsado sobre si misma y da paso a un nuevo mundo, en cual solo estas tu y tu bat de baseball machacando cabezas en descomposiciòn, riendote de los banqueros y de Dicom y de las cuentas de tu jefe y de todos los demàs.

Miras el horizonte desde la azotea de un edificio, escuchas el silencio sepulcral de la ciudad que se ha convertido en un cementerio de la civilizaciòn y sonries. Por primera ves en tu vida, eres completamente feliz.

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