sin fin

Matias se encontró de pronto en la misma esquina que hacia diez minutos atras había doblado para salir de aquel barrio.
De alguna extraña manera había dado la vuelta en circulos y se enconyraba devuelta en el mismo lugar.
La tarde avanzaba lenta e indiferenciadamente. estaba nublado y sin sombras que dejaran alguna pista del paso del tiempo.
Sigió caminando con paso firme bajo la atmosfera opresiva y las calles tipicamente solitarias de día domingo decidido a tomar otra ruta. una que definitibamente lo alejase de aquel lugar plomiso y deprimente.
El barrio había sido construido en los años treinta por un arquitecto discipulo de Le Corbusier. la arena del pais teñia el hormigón de aquel gris que presentaba el cielo y los juegos de fierro coloreados hace ya mucho tiempo estaban desteñidos por el uso de niños que ya no estaban y que ya no eran niños. el aspecto de huesos de dinosaurios y el ripio y el ladrido lejano de un perro acompañaban la silenciosa caminata de Matias que escuchaba claramente el sonido de sus sapatillas golpeando el semento a cada zancada y el rose de su ropa y su respiración agitada habia llegado a la misma esquina. nuevamente.

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