El Puto Mundo 4 – Julia

Julia habìa sido abusada por su padre a los 9 años, y continuò siendolo hasta que saliò de ese hogar, su madre lo sabìa, y sin embargo nunca dijo ni hizo nada por evitarlo, Julia se casò con el primer hombre que se lo propuso, sabiendo que jamàs podria darle hijos pues su ùtero fuè extraido durante su unico primer aborto, su padre la llevò a una clìnica clandestina para solucionar el problema.

Ermesto Cardenas habìa sido un marido exigente, y ella habìa estado a la altura todo el tiempo, pues su esperanza en un cambio de vida habìa muerto hacìa mucho tiempo.

Julia no se preocupaba mucho de cuestionarse, vivìa los dias uno a uno, sintiendo una alegrìa enorme cada ves que se dormìa, pues estaba un dìa màs cerca de la libertad.

Cuando se diò cuanta del cartòn de la loterìa en el bolsillo del pantalon de su marido, una luz de esperanza se abriò paso desde lo màs profundo de su corazòn hasta su corteza cerebral, una idea cruzò por su mente y un deseo de escapar lleno su corazòn.

Esperò hasta que Ernesto respirase con un ritmo regular, sus ojos se habìan acostumbredo ya a la mortecina luz que entraba por la ventana, un perro aullaba en la lejanìa y una corriente de aire levantaba el vicel de la cortina como un fantasma mudo y displisente, una entidad paranormal floja sin interes de ser captada por los vivos ni de ver lo que veìa ni de escuchar los silenciosos y descalsos pasos de Julia hacia el velador de su conyuge y luego hasta la silla donde residia su boleto a la libertad.

Julia conocia su casa mejor que la palma de su mano, se moviò con una eficiencia de asesino a sueldo, confirmò los numeros en el diario que subia y bajaba sobre el pecho del hombre dormido, sonrio para sus adentros y se despidiò de la vida de servidumbre.

Con las primeras luces del alba se dirigiò al banco Osorno para abrir una cuenta corriente y que el banco cobrase de manera anònima el premio, màs tarde, vendiò toda su ropa y pertenencias personales a una vieja que tenìa un puesto en la calle Uruguay, el poco dinero le sirviò para pasar la noche en una residencial, comer algo y esperar hasta que el dinero fuera transferido.

Julia respiraba agitadamente, su mirada iba de un lado a otro y sus manos temblaban de cuando en cuando, asi que trataba de mantenerlas en sus bolsillos, su pelo desteñido y sus dientes amarillos, su cara sin maquillaje, sua manos curtidas y sus incipientes arrugas a los lados de los ojos y labios dejaban claro de donde venìa pero nadie sopechaba donde era capas de llegar, la mujer de Ernesto Cardenas no entendìa la suma de dinero que estaba depositada en su cuenta corriente, sin embargo entendìa que su libertad estaba a la dos pasos.

Sacò una cantidad de dinero que jamàs habìa tenido en sus manos, compro pasajes hacia la capital y comenzò a vivir su propia vida, ella habìa tomado una desiciòn, olvidarìa su pasado y construrìa su peresente sin mirar atras.

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