Mariposas Fuccias

Raul había estado esperando el momento correcto durante toda la semana.

Ese dìa se dió un baño màs largo de lo común, se afeito con más cuidado, se peinó delicadamente, se lavò los dientes por màs tiempo, cepilló su lengua y usó èl doble de enjuague bucal. Salió del baño y se puso mucho desodorante, y bastante perfume. se vistiò lentamente teniendo cuidado de amarrar firmemente los cordones de sus zapatos, chequeò la bragueta de su pantalòn dos veces, se abotonò la camisa de seda con cuidado, se colocó la corbata que usaba en eventos especiales, se volviò a mirar al espejo, se pegó unas cachetadas en el rostro y se diò fuerza a sí mismo.

Fué a la cocina de su departamento y miró el desayuno, Raul dejaba todas las noches la taza con las medidas exactas de café en polvo, azucar y leche, con el plato puesto sobre ella, la margarina afuera y la mermelada. el pan en la tostadora y los cereales a punto de derramar leche sobre ellos. Ese día sin embargo, no fué capaz ni de mirarlos. 

Salió más temprano de su casa. El sol estaba saliendo destras de los edifiicios, estaba fresco y el necesitaba despertar del ensueño en que estaba viviendo, las palabras se agolpaban en su mente queriendo salir de forma ilogica, sin sentido ni concatenaciòn alguna, nisiquiera eran ideas o conceptos sino solo palabras que mordiansu garganta y apuraban a su lengua. Le costaba guardar silencio mientras caminaba, temia que los demas transeuntes pensaran que estaba loco.

Raul llegó a su destino diez minutos antes, vio un carrito de café y compró dos, luego se fué a sentar en la banca que había escogido para esperarla, hoy se había decidido a hablarle a mirarla a los ojos y decirle lo que sentía por ella, no le importaba que estubiese casada o que tubiese hijos, o que fuera barrendera y hablase como lo hacen quienes viven en la tomas, el la amaba, estaba enamorado y no podía seguir viviedo alejado ella.

Raul esperó que ella se hacercase al tacho de basura que estaba a un metro de él, la miró mientras tomaba los objetos desechados y los ponia en su volquete, como barrìa las ojas secas de la plaza.

Raul se colocó de lante de ella y puso una mano en el borde del volquete, la miró a los ojos y torpemente escupió una frase ininteligible primero antes de respirar y poder articular correctamente.

– Hola, mi nombre es Raul, ¿quieres una café?

– Señor. – Le contestó ella – Es usted muy amable – y tomó el vaso de plumavit en su mano.

– Disculpe que la moleste. La verdad es que tengo algo muy importante que comunicarle.

– Señor – Le respondió ella. – Yo estoy legal en este país y trabajo mucho para mandarle dinero a mis familiares. No me diga que me tengo que ir o que me van a detener.

– Se equivoca usted si piens que yo soy policia o algo por el estilo. – Raul se ruborizó. – Yo trabajo en una oficina. Pero eso no es lo importante, dejeme que le explique. – Él la miró a los ojos y casi no pudo respirar.

– Que sea rápido que tengo que seguir barriendo la plaza dijo ella, no ma pagan por conversar sabe. – replicò mientras apuraba el café.

– Sucede que… La verdad.. – Titubeó Raul. – Es que yo estoy enamorado.

– Señor, eso se lo tiene que decir a su enamorada, no a mi, yo solo soy una mujer que trabaja para mantener a su familia, no ma haga bromas, ya estoy bastante adulta para esas cosas sabe.

– Sucede que yo estoy enamorado de usted. – Le soltó el hombre de sopetón. – Ya no guantaba más y tenía que comunicarselo. Usted para mi no es una mujer trabajadora, usted es una princesa que flota sobre sus bototos de seguridad, que limpia afanosa el jardín de su enorme castillo, que mira el mundo con la ternura de una diosa que baja de los cielos todos los días para darnos esperanza, Eso es usted para mi, y quiero que me acompañe para que sea mi esposa.

Un silencio envolvió a la pareja y al hombre del carrito de café y los que esperaban locomoción en el paradero y a los transeuntes que se detuvieron a escuchar la respuesta de la mujer.

Ella no terminó su café, hechó el vaso de plumavit blanco en al volquete y metió las escobas dentro de él, agachó la cabeza y se fue de ahí llorando.