Laca

Mario meditaba alegremente sobre las propiedades atmosféricas de su aerosol para el cabello, visualizaba el agujero en la capa de ozono sobre la antártica chilena y llegaba una y otra vez a la misma conclusión; Su peinado era más importante que las ovejas ciegas por la exposición a la radiación ultra violeta. Sus posibilidades de aparearse con una chica de buena contextura aumentaban considerablemente si asistía a los eventos sociales con el peinado adecuado, por lo tanto, Mario dedicaba por lo menos dos horas de su día a arreglar su cabello. Lo pintaba con colorantes naturales, para no matar la raíz y quedarse calvo en el futuro, lo masajeaba con cremas capilares, y bálsamos especiales, antes de aplicar la forma final, que siempre era congelada por una lata de laca extra rápida y extra resistente y extra destructora de la precaria unión de tres moléculas de oxígeno, selladas por un rayo cósmico. Dios tiene que haberse equivocado pensó finalmente Mario mientras se aplicaba el mejunje, se miraba nuevamente, y se volvía a mirar.

  

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