Literatura fantástica de corte épico con sabor a Merken. EL Martillo de Pillán.

En general, la literatura fantástica de corte épico se centra en las aventuras medievales y se enmarca en universos creados a partir de la mitología nórdica, la cual ha pregnado no solo las obras literarias, sino también los juegos de rol, los juegos de cartas, el cine y los cómics.

 

Hasta los años 80, se consideraba todo lo nacional como de mala calidad, se menospreciaba, y aún se hace, todo lo referente a las culturas precolombinas, Chile, era un país que quería ser europeo, su mayor ambición era parecer noble, ser descendiente de español, de alemán o cualquier otra etnia con rasgos lo más anglosajones que se pudiese.

En los años noventa y en parte debido al fenómeno de la globalización, que hizo que nos miráramos a nosotros mismos para poder identificarnos a nosotros mismos y diferenciarnos del resto, y en parte también, debido al desarrollo económico de nuestro país; el pueblo comenzó a tener sed de identidad, y esta sed se hace cada vez más intensa, la necesidad de descubrir quienes somos, y de definirnos ante el mundo se hace cada vez más evidente.

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Para aplacar esta necesidad del inconsciente colectivo, los publicistas buscan que es lo típicamente chileno, los ponchos y los huasos, los sobrenombres y el Coco Legrand se ponen de moda; el lenguaje se vuelve más coloquial, se trata de rescatar el patrimonio, y se reconocen derechos especiales para las etnias originarias como la mapuche, rapa nui y aimará; ser chileno ya no es una cosa deplorable, sino algo de lo cual hay que sentirse orgulloso, y los triunfos deportivos de Marcelo ríos y la selección en el mundial de Francia ’98 con un descendiente de mapuches como goleador indiscutido, no hacen sino cuajar este sentimiento que necesita consolidarse de modo conceptual para luego expresarse de modo simbólico, es decir en la forma de expresiones artísticas.

 

Un comienzo interesante de materialización de la identidad de nuestro pueblo son los juegos de cartas mitos y leyendas, que rescataron astutamente el corolario mitológico sudamericano, tendencia que tiene su símil en el cómic, de Mitómano cómics por ejemplo; que rescata con gran ingenio y respeto las cosmogonías aborígenes, y las utiliza en un contexto pop. En la literatura, hay muy pocos intentos que tengan el peso académico necesario para generar un universo fantástico basado en las mitologías originarias, abunda el sincretismo y el uso de elementos aislados y sin profundidad, quedando el asunto de la identidad nada más que como una anécdota.

 

El Martillo de Pillán nace de la necesidad de concretar de manera contundente, un marco simbólico para el desarrollo de la identidad Chilena. Se apela por tanto al origen, al tiempo antes de la historia, a la fantasía, al mito, a la mitología de nuestra tierra para construir un imaginario glorioso desde el cual se puedan proyectar aquellos recuerdos que vienen antes del recuerdo, aquellas estructuras mentales que nos dan fuerza cuando estamos cansados, aquellos valores ancestrales y heroicos que nos mueven hacia la luz, hacia la belleza y la nobleza de espíritu. Por que la identidad no es algo que se busque y se encuentre, la identidad es un símbolo que se se crea, que se define y que se arraiga en el fondo de las almas de los individuos de una nación. Y la intención más ambiciosa de la novela es justamente esta, forjar identidad.

 

Con el fondo definido, es tiempo de concentrarse en la forma, para ello definimos el publico objetivo entre los jóvenes adolescentes de nuestro país, y por tanto la forma obedece al ritmo y la dinámica que ellos están acostumbrados a recibir desde los medios de comunicación, el relato es vertiginoso y violento, no hay mucho tiempo para la reflexión entre las escenas de combate y las rápidas decisiones de sus protagonistas que no bien salen de un problema se ven envueltos en otro, manteniendo una tensión continua que sostiene la atención del lector joven mientras se despliega ante él, el mundo mapuche, sus costumbres y su mitología.