Lirios

Blancos y carnosos pétalos
Flotan sobre la suave corriente,
Entre las verdes ramas y sobre los peces.
Van al mar,
mirando al sol,
sonrientes.

Te deslizas ciega,
 Laxa y vacua,
Una tibia mortaja pretende retenerte
Clavándote con acero y plástico a la orilla,
De la cual han osado desprenderte.

La muerte ha planteado el desafío
Y mi pecho grita en la lid por sangre.
El gran oso con el mastín se enfrentan,
Sobre mi se yergue
La sombra que a todos nos espera.

La he mirado a los ojos
Le he pedido que venga

Ella te lleva en sus brazos más allá del horizonte,
allende el mar,
A la tierra de los gritos sordos y el olvido,
Donde el tacto es vaporoso.

Mi última guardia ha terminado.

Tengo ahora un corazón de piedra
Donde están inscritos los nombres de los inocentes
Después de mi derrota
Se convertirá en la imperecedera ofrenda
Que se coloca sobre la tumba de los justos.

Juro por mi vida, en este mundo y en el otro
Que quienes me alejaron de tu lado y
Conspiraron contra tu destino.

Pagaran por la afrenta cometida
Aquí o allende el mar
Por mi mano o por la divina

Porque mi furor no tendrá límite
Ni mi voluntad parangón
Ni paz jamás tendrá mi alma
Porque un protector nunca descansa
Aunque sus esfuerzos sean fútiles tajos lanzados contra el viento.

Su desgarrador lamento atravesará
El profundo río océano,
Donde descansas sobre albos lirios,
Que ascienden hacia el firmamento.

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