WBK – Warm Blooded Killers (Material Extra)

Lo que sigue a continuación, es parte de lo que se escribió originalmente para la Novela, lo que finalmente quedó en el texto publicado (elatico.cl, dinova.cl, librerías Antártica, Fera Chilena del Libro etc…) difiere bastante de la masa creativa y sin embargo conserva toda su fuerza y su intención.

Cuando abrió los ojos se dio cuenta que no estaba en su pequeño cuarto en la casona de su padre y se sintió extraña. De inmediato notó la agradable tibieza del cuerpo que tenía fuertemente abrazado y respiró profundamente al observar con detenimiento las varoniles facciones del hombre que dormía a su lado como un pequeño neonato recién amamantado.
Se levantó delicadamente para no interrumpir el sueño de su anfitrión, se colocó sus diminutas bragas y se puso una camisa que encontró colgada, le llegaba hasta la mitad del muslo como si fuese un vestido, y aún tenía el embriagante olor que despedía aquel hombre.
Con una leve sonrisa en el rostro recorrió los pasillos de hormigón y llegó a la enorme y desierta cocina, no se demoró demasiado en ubicar la máquina de café.
Los borbotones rompieron el silencio matinal y los perros se acercaron moviendo la cola hasta la mampara de vidrio que separaba la cocina del patio.
Al sentarse se dio cuenta del sándwich partido a la mitad que se encontraba en la tabla, sonrió nuevamente. Con confianza se sentó frente a la barra de la cocina americana disfrutando de los rosados dedos del amanecer pre cordillerano y se sintió bien.
―Hola ―la saludo Sophie cuando vio a Camila entrar apurada y con cara de sueño en busca de la leche.
―Hola ―respondió ella casi con indiferencia, buscando la caja de cereales en la alacena.
―Espero no te moleste que me haya preparado desayuno.
―¿Molestarme? No, para nada ―contesta ella vertiendo los cereales en un recipiente para luego agregar la leche―. Estoy acostumbrada a encontrarme con desconocidas en esta casa todos los días. ¿Eres francesa?
―¿Por qué lo dices? ―pregunta Sophie.
―Por tu acento.
―¿Todavía se me nota?
―Tanto como a Amaro Goméz-Pablos el suyo ―ríe Camila.
―Y yo que pensaba que ya lo estaba perdiendo…
―¿Cuánto tiempo llevas en Chile? ―le pregunta sentándose frente a ella en la mesa de la cocina.
―Cerca de un año ―contesta Sophie.
―¿Y qué te trajo por estos lados? ―dice Camila hundiendo la cuchara en sus Chocapic.
―Vine a visitar a unos parientes… ¿En qué curso estás?
―En cuarto ―responde ella con la boca llena.
―¿Y has pensando qué vas a estudiar en la universidad? ―pregunta Sophie.
―En realidad no ―admite Camila―, si llego a estudiar será en un año más ya que primero me iré de viaje a Europa, ¿de qué parte de Francia eres?
―De París, aunque en realidad nací en Ajaccio… es la capital de Córcega.
―¿Y eso dónde queda?
―Al sur de la Costa Azul, al norte de Cerdeña. De ahí era Napoléon, ¿sabes?
―No tenía idea, no presto mucha atención en la clase de historia. Oye, eres mucho más bonita y con mucha más clase que las minas que Martín suele traer a la casa.
―Tomaré eso como un cumplido.
―¿Cuántos años tienes?
―Veintidós.
―Cuatro más que yo… Supongo que sabes la clase de hombre que es Martín, digo, que luego de hoy ya no sabrás más de él y se buscará otra u otras.
―Creía saber la clase de hombre con que me estaba metiendo ―admite Sophie―, hasta anoche.
―¿Pasó algo especial anoche? ―pregunta Camila engullendo otra cucharada de cereal.
―¡Pero claro que sí! ―exclama Sophie―. Anoche se enteró que no es tu padre biológico, tú misma le entregaste los resultados.
―Sí, pero eso él lo sabía ―dice Camila desdeñando el impacto de la noticia―. Es una de esas verdades que todo el mundo conoce y de las que nadie quiere hacerse cargo.
―Pues yo creo que él no lo sabía, de hecho le afectó mucho, se despertó en la madrugada llorando, lloró hasta que salió el sol y ahí se quedó dormido.
―¿Andrés, llorando? Eso sí que me hubiese gustado verlo.
―¿Tú lo odias?
―Antes pensaba que lo odiaba, pero en realidad me provoca lástima. Si no fuese porque en el cole tengo a mis mejores amigas yo ya me habría marchado a Europa ayer mismo.
―Disculpa, ¿te puedo preguntar por tu mamá?
―Mi mamá nos abandonó cansada de sus infidelidades cuando yo tenía cuatro años. No tengo recuerdo alguno de ella. Se fue a vivir al extranjero, nadie sabe dónde.
―¿Y has sabido de ella en todo este tiempo?
―No, nunca.
―¿Y qué hay de tus abuelos maternos?, de los familiares por parte de ella.
―No tengo.
―Je comprends.
―Oye, me encantaría seguir conversando contigo, de hecho jamás había hablado tanto con una de las conquistas de Martín en mi vida, pero se me hace tarde para el cole.
Camila se levanta de la mesa, Sophie hace lo mismo y se despiden de un beso en la mejilla.
―Espero que nos volvamos a ver, Cami…
―Sí, ¿por qué no? Me caíste súper, bueno, ya sabes dónde vivo. ¡Chao!
Camila se coloca su bolso al hombro y sale corriendo de la cocina.
―Chao, ma petite soeur ―dice Sophie en un susurro.

***

No fue sino sorpresa lo que lo embargó cuando entró en la cocina y la vio sin maquillaje tomando una café negro mirando como Camila corría para alcanzar el transporte escolar.
Su rostro era perfecto, su mirada tan profunda y melancólica como la de él si hubiese sido tan valiente como para enfrentarse a si mimo y medirse y pesarse en la balanza de lo que él sabía que era justo.
Cuando sus miradas se cruzaron no pudieron evitar sonreír y ruborizarse sin saber por qué. Andrés estaba frente a ella solo con sus boxers no solo por que ella había tomado sus pantuflas, sino por que él era un exhibicionista incurable y le encantaba pasearse con el torso desnudo cada vez que tenía la oportunidad.
Sin apuro y en silencio, disfrutando de la situación y de la atmósfera, tomó la juguera, puso un plátano, unas cuantas frutillas, miel, un par de cucharadas de Yogustav y otras dos de albúmina de huevo, agregó agua y leche y licuó por un minuto, sacó el vaso y apuró un sorbo. Se limpió con el dorso de la mano y se sentó frente a ella en silencio.
El Jabato se sentía como un cazador ante el más delicado de los cervatillos, la fragilidad de la magia de aquel momento quedaría en su memoria para siempre, él era un hombre experimentado, que sabía muy bien lo que quería de la vida y como conseguirlo. Hasta hace unas horas.
En ese momento volvió a tener once años, a estar sentado cazando una rana en el estero en un pueblo olvidado, completamente manchado de barro y plantas después de haberse revolcado para atrapar a su presa. Venía derrotado y mal oliente por un camino de tierra en dirección a la casa de sus abuelos en medio de la campiña alemana cuando la vio por primera vez, sus trenzas amarillas como dos espigas de trigo enmarcaban unos enormes ojos azules que lo miraron como si él fuera un perro callejero. Ese desprecio lo perseguiría por el resto de su vida.
Recordó entonces que se había desnudado por primera vez en su vida, que nunca antes se había despojado de la armadura que cubría su cuerpo para protegerlo, había mirado el cuadro que guardaba su verdadera naturaleza y había sucumbido ante la monstruosa realidad, al verse desde aquella nueva perspectiva tembló y perdió su seguridad habitual con la que abordaba a cualquier mujer. Andrés M Kassler estaba sin palabras ante una maravillosa jovencita de veintidós años.
―Hola Andrés. ―Dijo ella divertida y avergonzada al mismo tiempo con los rosados labios apretados aguantando una carcajada de alegría en la boca del estomago.
―Hola Sophie. ―Dijo él animado por el buen humor de la muchacha.
―Tu café es muy bueno.
―Juan Valdez ― respondió ― Traído directamente desde Colombia, es una lástima ahora que lo pienso, yo nunca tomo, debo cuidar mi hígado, los anabólicos son hepatoxicos. Aunque pensándolo bien, si te ha gustado ha valido la pena.
―¿Eso quiere decir que no te molesta verme en tu cocina? ― hizo una pausa ― No pensé que fueses esa clase de hombre. ― Ella sonreía con la mirada, disfrutando de la nueva faceta que Martín le estaba revelando.
―No lo soy la verdad, y no quiero decirte que siento que puedes ser la excepción a la regla, que si dijeses que me amas sería capaz de dejarlo todo por ti, que me vuelves completamente loco en todos los aspectos que un hombre retorcido como yo puede tener, tanto como para hablarte de esta estúpida y vergonzosa manera y sin embargo… ― se sinceró él ―Ya antes sentí algo parecido y no resultó, no quiero hacerte daño, no te lo mereces, yo no te merezco.
―¿Quieres que me valla? ― Dijo ella visiblemente consternada sin ser capaz de mirarlo a los ojos.
―No
―Sirve de algo si te digo que no es necesario que me digas que amas.

Sus miradas se juntaron y las palabras no fueron necesarias, ni siquiera el roce de sus cuerpos o sus labios, algo había nacido entre ellos dos que ninguno quería poner en palabras, sus pechos estaban henchidos y el frescor de la mañana era revitalizante y la luz del sol era más tibia y más brillante y ya nada importaba sino la certeza de que estaban frente a frente a menos de medio metro de distancia y eso los llenaba por completo.
―Quiero que el tiempo se detenga ― Dijo por fin Andrés acercando su mano a la de ella dando un largo suspiro.
―No tengas miedo del futuro ― Sonrió Sophie con ternura.
―Con Camila pensé que había entrado en razón. ― Andrés desvió la mirada, una triztesa impropia de su carácter se apoderó de su semblante, hizo una pausa y continuó. ― Pensé que había encontrado mi alma gemela y que podía ser feliz por fin, olvidar los días del pasado y las continuas pesadillas. Y por un tiempo así fue, fuimos inmensamente felices a nuestra propia manera, después nació Camilita y las cosas cambiaron, ella cambió, y yo no me ajusté, no me sentía preparado aún para la paternidad. No me fue difícil volver las andanzas, mi línea de trabajo es así, hay demasiado y demasiado fácil, ella lo descubrió por supuesto, yo no traté de ocultarlo tampoco, fue terrible para ellas y yo me encerré, me alejé del dolor y traté de llenar el vacío a la vieja usanza, esa que se me dan tan natural.
―¿A la violencia te refieres?
―No, a las putas, bueno, me refiero a las mujeres en general.
―¿Para tí todas las mujeres son putas andrés?
―Mis putas, claro que sí, mi harem es el mundo Sophie. Pero últimamente las cosas ya no son tan satisfactorias como antes, si me permites la confesión.
―¿Sabes que el presente dura tres segundos? Y después de eso se convierte en pasado. Los seres humanos vivimos tres segundos cada vez, ¿qué harás con tus tres segundos, Martín?
―Perdón, Sophie, no sé qué me pasa, yo no me comporto de esta manera con nadie.
―je comprends
―¿Te molesta que hable de Camila?
―En lo absoluto, puedes hablar de lo que quieras conmigo, faisceau renaître mon amour et je serai votre mère spirituelle, votre première femme, votre seule femme. ― Contesto ella suavemente antes de acercarse y posar suavemente sus rosados labios sobre los de él.
―¿Conóces Algarrobo?
―No, nadie me ha llevado aún.
―Hoy es tu día de suerte, iras a comer conmigo, el misterio de las dos JEMs puede esperar, al igual que el misterio de los Dodge Blancos de ayer.
―Hay un problema, ayer destrozaste mi vestido, no tengo nada que ponerme, te incomoda si voy desnuda. ― Dijo ella pícaramente
―Si fuera por mi estaríamos desnudos toda la vida ― replicó él dándole un suave agarrón ― Ves esa puerta¬―, Andrés le indicó una puerta de Arrayán al final del pasillo ― Ese era el cuarto donde Camila guardaba su ropa, ella no se llevó casi nada al abandonarnos, supongo que no se molestará si tomas algo prestado. Dúchate y cámbiate, nos vemos aquí en un rato.

Andrés buscó el teléfono de pulsera, el pequeño aparato parecía más bien una joya, poso su pulgar sobre la tela y una diminuta luz leyó su huella digital, la reconoció y se activo, con un comando de voz activó la interfaz grafica que consistía en un holograma que se desplegaba frente a sus ojos con todos los botones y funciones de un teléfono inteligente. Llamó al servicio técnico Tesla para que viniesen por su Roadster que había quedado hecho pedazos con la persecución de ayer.
Acto seguido se fue al garage y volvió montado sobre un Scorpion NX, un descapotable tornasol con un motor de hidrogeno V6 turboalimentado, bajó la discografía para el viaje del servidor de la casa y afinó los últimos detalles.
Estaba terminando de llenar el estanque de combustible con agua cuando la vio salir, calzaba tacos rojos y vestía un diminuto vestido bermellón que hacía juego con su pelo, dejaba lucir sus larguísimas piernas y destacaba su firme busto.

En tres punto cinco segundos el vehículo desarrollado por Ronn Motors alcanzaba los cien kilómetros por hora dejando una estela de vapor a su paso mientras los acordes de Simply Red inundaban la cabina, Martín manejaba a toda velocidad con mano segura sobre el volante tratando de detectar a algún perseguidor; se habían convertido en una mancha anaranjada que avanzaba inexorablemente hacia las costas del océano pacifico.

―Ese vestido se ve hermoso en ti Sophie, tú eres una criatura hermosa, no quiero morir sin habértelo dicho.
―Conduces bastante bien, no creo que vallamos a morir hoy ― Dijo ella divertida y le acaricio el cuello con la punta de los dedos.
―Ese vestido tiene una historia bastante particular, hace varios años ya, Camila y yo fuimos invitados al matrimonio de la hija Roberto Baudrand, intimo amigo y socio de Max Marambio, ex guarda espaldas de Salvador Allende, muy amigo del actual presidente Arrate quien además es dueño de una isla en el caribe, lo cual no tiene nada que ver con la historia.
El caso es que había más de seiscientos invitados a aquella importante ceremonia, como nunca Camila y yo llegamos temprano, nos acomodamos en la catedral y nos divertíamos hablando del mal gusto de las ancianas pasadas de moda de este país, los terroríficos maquillajes de otras y lo aburridos e incómodos que se veían algunos maridos que sudaban copiosamente con aquellos cuellos apretados y almidonados que amenizaban con cortarles la respiración. Teníamos por costumbre tratar de adivinar quienes eran las solteras y los solteros para ver si al final de la noche algunos de ellos se terminaban yendo juntos. Tratábamos de disimular nuestra risa cuando Camila notó algo que la hizo palidecer. Tres filas más adelante había una poco agraciada invitada con el mismo vestido que ella. En un principio yo no le di ninguna importancia, pero al ver el cambio en su rostro y comportamiento caí en cuenta que eso era para ella algo importante. Apenas entró la novia salimos rápidamente de la iglesia y partimos a la casa a que ella se cambiase el vestido, nos perdimos toda la ceremonia por supuesto, pero alcanzamos a llegar al cocktail. Eligió el mismo que tienes puesto tú ahora.
―¿Significó mucho para ti?
―¿Ella o el vestido? ― Rió él evitando el tema.
―Hoy hablé con Camila antes de que se fuera al colegio. ¿Sabías que quiere irse a Europa?
―No tenía idea, supongo que hay demasiadas cosas que no se de mi hija, o mi no hija, mi hijastra o lo que sea que ella sea.
―Podría ser tu cuñada.
―Podría ― Contestó él con una sonrisa
―Podría ― Repitió ella besándolo en la mejilla,
―¿Crees que pueda deshacer el daño que he causado, que tu padre cuando se entere no me mate o me deje en coma?
―¿Le temes a Amira?
―En un cuadrilátero o en la calle no le tendría miedo alguno, pero él juega ajedrez mucho mejor que yo. ¿no tenias que trabajar hoy?
―Si
―¿No te ha llamado aún?.
―Varias veces, pero no pienso contestarle.
―¿Estas enojada con él?
―No lo he decidido aún. No quiero hablar con mi padre hoy, ce jour, je ne suis que le vôtre, le soleil mienne.
―Pues es muy probable que me llame para preguntarme si estás conmigo.
―Le dirás que yo no estoy contigo, et c’est ça le problème
―Yo no le mentiría a tu padre, es mi mejor amigo sabes, eso tiene un significado para mí.
―¿Nunca antes le has mentido?
―Jaque ―Dijo él apagando su celular y estacionando el vehículo frente a la playa ― Caminemos, estoy seguro que te gustará.
―¿Las traes a todas aquí? ― dijo ella mientras se sacaba los zapatos.
―Para Camila está playa era demasiado vulgar, y a ninguna otra mujer le he permitido estar más de un día conmigo, así que… eres la primera.

No había terminado la frase cuando ella salió corriendo como una niña y se puso a chapotear en al agua, sus pies hendían la blanca arena como si de gotas de lluvia se tratase, sus cabellos rojos flotaban como espuma mientras ella se divertía haciendo dibujos en la orilla que el agua se encargaba de borrar casi inmediatamente. Martín la miraba embrujado, transportado por un espíritu tan liviano y tan sutil como el olor a mar que le llenaba los pulmones de felicidad. Martín M Kaiser se sentía feliz por primera vez en su vida.

Pasado el medio día la pareja volvía caminando abrazada por la costanera, reían como un par de adolescentes, ajenos a todo lo demás que no fuese la mutua contemplación.
Pasearon por la pequeña feria artesanal y se divirtieron mirando las diversas chucherías que estaban a la venta, Andrés le compró un par de aros rojos hechos con plumas de canario.
Mientras se acercaban al restaurant les llamó la atención un enorme carro de hachas y escalas de bomberos, con un cinco en la parte delantera y en el costado estaba estacionado en el amplio estacionamiento de tierra del local.
Cuando entraron a las “Delicias del Mar” se encontraron con que la quinta compañía de bomberos de Algarrobo, la Bomba Francia se encontraba celebrando una iniciación. Una muchedumbre de hombres conversaba animadamente durante la sobremesa, los temas variaban desde mujeres, hasta viejas historias de incendios y rescates legendarios.
Al ver entrar a la despampanante colorina con aquel escotado y ajustado vestido rojo los comensales se quedaron mortalmente callados comiéndose con la mirada a la sensual Sophie que se movía como una oceánida.
―¡Quinta compañía de bomberos de Algarrobo, Bomba Francia! ― Exclamó Andrés para romper el incomodo silencio. ―¿De quién es la iniciación, quién es el nuevo voluntario?
―Andrés contestó el comandante ―Reconociendo al fornido recién llegado ―Como siempre estás muy bien acompañado mi viejo amigo, hace mucho que no te veíamos por estas playas.
―Ya sabes que soy un hombre rutinario, pero cuéntame ¿qué están celebrando? ― Preguntó nuevamente mientras se acercaba a estrecharle la mano a la primera autoridad de la compañía.
―Es mi hijo Javier que ha cumplido hoy mismo los diez y ocho años y se ha convertido en voluntario. ―replicó emocionado levantando su copa.
Los hombres aullaron y dieron vítores entusiasmados mientras levantaban una vez más sus copas y las empinaban hasta dejarla vacías.
―Es su cumpleaños y su iniciación ―dijo Andrés con tono solemne y agregó en voz alta para que le oyese el mozo ― La segunda ronda va por mi cuenta muchachos de lo que sea que estén tomando. Este día te mereces un regalo. Pídeme lo que quieras. ―Remató ante los vitores de los compañeros.
El joven se levanto tímido y apuesto como era, había reconocido al antiguo amigo de su padre, de quién había oído innumerables historias durante los asados dominicales, por lo tanto adujo la naturaleza de su acompañante e inocentemente le cobró la palabra.
―Esa mujer que lo acompaña, señor ―Hizo un pausa y se sonrojó ―,es la mujer más hermosa que he visto en mi vida. ―Andrés palideció y se dio cuenta tarde del error que había cometido. ―Si ella me diera un solo beso, me haría sería el hombre más feliz de la tierra.
Otra vez el silencio se apoderó del local, los hombres se miraron entre ellos y el padre de Javier se excusaba ante su amigo con la mirada.
―Que no se diga que Andrés M. Kassler no cumple con su palabra ―Dijo Sophie rompiendo el silencio mientras caminaba hacia el muchacho como una tigresa. Su acento francés y su desplante no hicieron sino aumentar la expectación, el padre de Javier se agarraba la cabeza y Andrés de una pieza trataba de sonreír para disimular su franca reticencia.
La mujer sostuvo al apuesto joven por las mejillas, Martín agarró un vaso con licor y lo bajó de un trago, los hombres soltaron un grito al momento que los labios de aquella diosa se depositaron sobre los del delgado joven. Las mandíbulas del alemán comenzaban recién a apretarse y sus maseteros a marcarse en su rostro.
La Mucama abrió entonces la boca y trenzó su lengua con la del anonadado muchacho en cuyo pantalón se levantó una enorme carpa, los vítores y los aplausos no se hicieron esperar. Para cuando la colorina se separó del muchacho; este se encontraba a diez metros sobre el suelo, con sus ojos cerrados y una sonrisa estúpida en la cara.
Para finalizar, se acercó a su oído y mientras le tocaba el paquete por sobre el pantalón le dijo.
―Aujourd’hui vous êtes devenu un homme de mon petit garçon ―Se separó un paso levantó los brazos y exclamo para todo su público ―¡Viva la France! ―Y los hombres respondieron al unisono ―¡Viva la France!

Al cabo de unos minutos la pareja se había escabullido de la muchedumbre y buscaban una mesa, escogieron una mesa intima en el segundo piso.
El garzón se acercó de inmediato y les mostró la carta, no había mucha gente en el local además de la horda de bomberos que se habían animado de sobremanera con el espectaculo, pero como no era fin de semana y el verano estaba a punto de comenzar, tenían Algarrobo para ellos solos, lo cual ya no le hacía tanta gracia al alemán.
Pidieron una entrada de langosta de Juan Fernandez y machas a la parmesana y continuaron con Merluza con salsa de mariscos y calamares apanados.
Sophie pidió un Viu Manent Reserva Chardonnay 2009, un vino blanco del Valle de Casablanca, y Andrés un jugo natural de frutillas.
―Te gustan los mariscos ― Pregunto él serio
―Siento predilección por ellos ― dijo ella rozando la pierna del hombre, divertida con la seriedad del hombre.
―Ese vino ganó 68 Medallas de Oro y 80 Medallas de Plata en el Concours Mondial de Bruxelles 2010. ¿Sabías? ― Dijo él con indiferencia, mirando por la ventana.
―Si, estuve en Bruxelles ese año, soy una aficionada al vino, otra de las razones por la cual me vine a Chile. ¿Estás enojado?
―Yo no me enojo
―Me estas mintiendo
―Por qué habría de enojarme, no hay nada entre nosotros ―Dio un respingo al sentir el roce del pié de la mujer avanzando por sus muslos hasta su regazo.
―Yo creo que estas celoso.
―Yo no soy celoso, es más reo que fue un gran espectáculo el de allá abajo ―Contraatacó con un dejo de amargura que lo descolocó. ―A mí me gustan las putas. ―dijo sin convicción.
―Tú no eres el mismo de antes ―Dijo ella divertida avanzando con su pie un poco más en la entrepierna de su atlético interlocutor.
―¿Estudiaste psicología en la Sorbona?
―Entre otras cosas
―Perdóname ―Dijo él suspirando melancólico ―hoy no estoy en mis cávales, nosotros solo somos amigos. ―Y al decir esto sintió como si se auto infringiera una herida en el pecho y continuó ―Bueno… amigos con ventaja no es tan malo.
―Yo soy solo tuya Andrés ―Sophie amasó la verga hasta ponerla enhiesta y mientras daban cuenta de la suave carne de langosta ella movía sus dedos de izquierda a derecha estimulando la enorme libido de su amante para que este olvidase sus miedos. ―Jamás vuelvas a dudarlo.
―Soy un hombre de poca fe
―Cree en lo que estas sintiendo ahora
―Creo ―Dijo él mirándola a los ojos con una sonrisa lujuriosa en sus labios.
―Te gustaron las machas a la parmesana ―Preguntó ella morbosamente tocando una de las conchas vacías.
―La macha es uno de mis mariscos favoritos. ― Le contesto el ahogado por la excitación.
―Hay una que aún no te has comido mon amour. ― Dijo ella suavemente con su anhelante mirada mientras sacaba el pié del erecto pene del hombre.
Acto seguido a Andrés se le cayeron sus gafas Christian Dior bajo el mantel, una vez bajo la mesa vio las torneadas piernas de Sopihe abiertas como si fuesen los pilares del templo de Dionisio que le daban la bienvenida, ella se sostenía las bragas a un lado para dejar al aire sus depilados labios que ya palpitaban al sentir el tibio aliento del hombre cerca de ellos. Su lengua se incrustó en aquella dulce flor probando y sorbiendo ansiosamente los fluidos afrodisíacos que de ella manaban, su lengua se paseó por los labios superiores y luego los inferiores para luego penetrarla sistemáticamente mientras con un dedo estimulaba su ya endurecido clítoris.
La mujer se agarraba como podía al mantel, su cuerpo estaba envarado y tieso, el rubor de su rostro, los labios entreabiertos que dejaban ver un poco de su perfecta dentadura y los ojos en blanco eran testigos del placer y el morbo que le provocaba la situación, situaciones como ésta solo tenían cabida en sus más salvajes sueños, estaba en medio de un restauran, con varias personas alrededor y una lengua en su almeja, hacía esfuerzos por no gemir y pedir a gritos ser penetrada sobre la mesa cuando uno de los mozos se acercó con los platos de fondo.
―Está bien señorita ― Inquirió el joven con preocupación ― Parece que estuviese afiebrada.
―Estoy de maravilla, merci beaucoup ― Dijo ella con esfuerzo mientras su vagina se contraía rapidamente llenandole la boca a su amante con los efluvios de aquella flor roja y ardiente como el fuego le estaba regalando a cambio del poderoso orgasmo.
Martín salió de debajo de la mesa con un sonrisa y los lentes puestos, las piernas de ella tiritaban, su semblante indicaba una sola cosa.
El la agarró de la muñeca y la llevó al baño, no se preocupó siquiera de cerrar la puerta. La besó apasionadamente mientras se desabrochaba los Dockers, ella misma agarró la endurecida herramienta, se corrió las bragas a un lado y la puso en la entrada de su molusco, Andrés la sostuvo de los muslos y la levanto sin esfuerzo para luego dejarla caer ensartada. Sophie no reprimió el gemido de placer al sentir como esa enorme verga entraba en sus entrañas, se colgó al enorme cuello del musculoso alemán que la hacía subir y bajar sobre su verga con una mano en el muslo derecho y la otra en sus nalgas comenzando a dilatarle el ano con uno de sus gruesos dedos.
―Je suis ta salope mon amour, baise-moi, baise-moi, faites-moi le vôtre ― Le decía ella con su pecoso y blanco rostro encendido por la lujuria, le acariciaba el pelo, la nuca, enroscaba sus lengua con la de él, acariciaba sus brazos desesperadamente como queriendo guardar en su propio cuerpo el recuerdo de aquel ejercicio amatorio.
Ella gritó nuevamente y comenzaron sus espasmos, se movía en círculos colgada del cuello de su amante permitiendo que su verga escarbase dentro de ella mientras sus músculos se contraían y su concha volvía a empapar a su empalador con su esencia de hembra.
Tenía un dedo completo dentro del ano y un enorme y turgente trozo de carne dentro de ella y se sentía mujer.

Después de acabar se hincó frente a su benefactor y engulló su palpitante glande, se dedico varios minutos a succionarlo y lamerlo con los ojos cerrados, disfrutando del aroma y el sabor a macho que despedía. A Sophie le encantaba chupar verga.
Solo cuando él puso su mano en su nuca entonces ella lo miro con esa cara de niña corrupta que lo volvía loco, su pequeña boca hacia grandes esfuerzos para engullirla completa, apenas si podía tragarla hasta la mitad, pero ella lo tomó como un desafío personal, quería que su amante quedase tan satisfecho como ella. Su nariz chocaba contra el pubis y sus amígdalas eran impactadas por la cabeza de ese pene que ella estaba succionando como si se le fuese la vida en ello mientras que con sus manos se aferraba a las duras nalgas de aquel hombre que estaba tratando de ordeñar.
Andrés gemía como un toro contemplando como las mejillas de Sophie se hundían producto de la succión y sus labios dibujaban un circulo rosado en torno a su falo, el acariciaba el rojo pelo de la muchacha mientras le indicaba las profundidades a las cuales debía ir, cuando noto que ella empezó a esforzarse por ir más profundo sintió que su orgasmo estaba cerca, la muchacha tenía su pene bien metido en la garganta cual lo sintió venir, sus ojo se tornaron blancos y su cuerpo se tenso por completo, ella lo agarró del prepucio y comenzó a bombearlo con la lengua afuera. Al ver salir el primer chorro se metió de inmediato la cabeza dentro de la boca y comenzó a succionar, aumentando exponencialmente la intensidad de los espasmos del hombre que sentía como su energía vital se difundía a trabes de su miembro, Sophie se trago toda la descarga.

Volvieron a la mesa con sendas sonrisas en sus rostros, pero sus platos de fondo ya estaban fríos, Andrés pidió platos diferentes para cada uno y guardo silencio durante un momento. No se entendía a sí mismo. En un principio lo ocurrido la noche anterior contaba como un sueño o un delirio, sin embargo era evidente que cosas que antes le eran indiferentes estaban haciendo eco en su alma. Pero él dudaba incluso de tener alma, se veía a sí mismo como un ser condenado y esa certeza lo llevaba a la indolencia. Las cosas habían cambiado después de su visión, la hermosa pelirroja, hija de su mejor amigo era una gata y él una bola de estambre.
― ¿Te ha llamado Sergei? ―Preguntó inquieto encendiendo su teléfono.
― Tengo varias llamadas perdidas de él. ―Sophie no alcanzó a terminar la frase cuando sonó el móvil de Martín.
― ¿Es él? ―Martín asintió con la cabeza. ― ¿Vas a contestarle?
― Tengo diez llamadas perdidas ―, susurró ―¿Aló Sergei, ¿Cómo estás?
― Por fin logro ubicarte, ¿Sigue Sophie contigo? ―Un silencio incomodo flotó en el aire.
―Así parece Sergei, estamos almorzando, ¿cómo te enteraste que estaba conmigo?
―Hablé con Camila hoy, me dijo que se topó con una francesa pelirroja en la cocina. No necesito ser el mejor detective del cono sur para saber que se trata de Sophie.
―¿Te comentó Camila que se quiere ir a Europa?
―Sí, le ofrecí pagarle los pasajes si ton ole dabas el dinero.
―Jamás le negaría los pasajes ni el viatico, ha sido mi hija durante 18 años, es lo mínimo que puedo hacer. ¿Por quién me tomas Sergei?
―Por el hombre que no es su padre Martín.
―Ese fue un golpe bajo Oso
―¿Y lo de Sophie te parece muy digno?, ¡te llevas a mi mucama contigo, y me dejas sin desayuno y sin almuerzo, como crees que me siento al respecto Martín!
―No te hará mal salir a tomar aire para variar, tal vez sea bueno que te vayas a ese restaurant hindi que está cerca de tu casa.
―¡No puedo! La última vez me echaron a patadas de ahí. Es más dile a Sophie que está despedida.
―No seas tan duro con ella Oso, Conversémoslo más tarde cuando hayas comido algo, el hambre te pone de mal humor, Recuerdas cuando nos perdimos en la estepa siberiana cerca de Tungusca.
―Supongo que te la follaste hasta por las orejas.
―Cómo crees amigo mío, ella es una dama muy inteligente, ¿sabías que estudió psicología en la Sorbona?
―Si Claro… Anyways, recuerdas esos autos blancos que te siguieron anoche, con agentes vestidos de blanco.
―Cómo supiste eso
―Pues ahora vienen unos autos negros hacia ti, si miras por la ventana del restaurant los veras estacionarse en un par de segundos. Un informante anónimo me dijo que advirtiera.
―Qué informante, dime algo más Oso
―Dile a Sophie que papá le manda saludos, tengo que colgar para pedir una Pizza. ―Amira colgó el teléfono y una decena de Bugattis Veyron Sang Noir de 16 cilindros en W y 8000 centímetros cúbicos, completamente negros y con vidrios polarizados se estacionaron frente al restaurant.

***

―Esto es ridículo ―Exclamó Andrés mientras veinte hombres armados con fusiles de asalto Tavor calibre 5,56, con la cabeza afeitada, lentes oscuros y vestidos con elegantes ternos Armani Negros se bajaban de los autos y apuntaban…

Caerse de la cama no es volar: reseña de Dark Dawn I, el amanecer de los soles oscuros:

Reseña

El Calabozo del Amo del Calabozo

Esta novela llegó a mis manos expresamente para ser reseñada, y como soy un hombre de palabra, antes del mes, estoy escribiendo este texto. Probablemente debí haberme demorado más, o simplemente nunca haber leído esta novela; ya que el señor Craig Schone (seudónimo de Eduardo Toro) probablemente no le guste opinión, menos aún si él personalmente no la ha pedido. Por eso mismo, quiero dejar muy en claro, que ésta es mi opinión personal, y puedo estar completamente errado en mis juicios. Sin embargo, no es propio de mi carácter dejar de ser sincero ni faltar a la verdad o dejarme llevar por infantilismos, ni estados de ánimo para dar buenos o malos veredictos acerca de mi parecer sobre una u otra obra. Puesto que la verdad, aunque esta constituya nada más que una opinión, es la belleza dolorosa que nos hace crecer y acercarnos a nuestros objetivos.

 

Resumen…

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Sinopsis – Evento Z

Una misteriosa pandemia se esparce por el mundo, un transatlántico entra en la rada de Valparaíso, un turista cae muerto en las calles del puerto y revive para morder a los bomberos que le dan los primeros auxilios.

El Apocalipsis Zombi se esparce lento, rampante y silencioso, y explota en las narices de las autoridades que no alcanzan a declarar estado de emergencia.

En medio del caos, Javier, un escolar de catorce años, intentará llegar a su hogar poniendo en práctica el plan de contingencia zombi, trabajado y perfeccionado durante los recreos con Weiping, su mejor amigo.

Al otro extremo de la ciudad, Claudia, ejecutiva de una multinacional, escapa de su lugar de trabajo junto a Shanon y Pedro, dos compañeros a quienes apenas si conoce. Juntos luchan por llegar a Valparaíso y sobrevivir a las oleadas de hambrientos que intentan devorarlos.

Evento Z: hambrientos en Valparaíso te mantendrá igual de tenso y alerta que a sus protagonistas. Una novela única en su género en Chile, dispuesta a morderte y contagiarte con el hambre por la buena literatura de terror.

Pronto, en las mejores librerias del país.