Coliformes Voladores

Cuando el viento sopla y has perdido toda la esperanza, cuando la vida se te va de las manos, cuando lo que quieres te desnuda y te somete al peor de los escarnios. Entonces recuerdas que eres un perdedor, que naciste con una mala estrella sobre tu cabeza, que cualquier esperanza de levantarte es vana y fútil, entiendes que la verdad es que siempre te has arrastrado como un gusano, entiendes que esa es tu naturaleza.

He buscado refugios en mis pocas fortalezas, he tratado de endurecer mi espíritu, me he sometido al dolor y la condena y he salido airoso un par de veces, pero la vergüenza y las humillaciones están siempre a la vuelta de esquina, ya no tengo fuerzas ni motivación para sobreponerme, ya no tengo ningún lugar a donde ir a lamentarme, pero tampoco tengo energías para romper en fuego y destrucción como los dioses antiguos y terribles.

La victoria es extraña en sí misma, es engañosa y deja un gusto a derrota. La derrota por otra parte es dolorosa como una erupción en el pecho por donde se arranca la energía vital, por donde manan y se derraman nuestros deseos más íntimos, nuestros anhelos más delicados, las intenciones más prístinas y nobles. El individuo ha de permanecer como un lobo solitario, sin entregarse al peligro para poder sobrevivir.

En este momento estoy al borde de la muerte, o simplemente al borde de una nueva cicatriz, de un nuevo fracaso, de una nueva esperanza desnuda y deforme, entregada a la turba vulgar para que rían, como ríen los ignorantes. Un nuevo sueño, un nuevo imposible que se marchita a la vista de un público ingrato.

Gracias por recordarme de donde provengo, gracias por la ducha fría, por la terapia de verdad, por el golpe bajo de realidad. Orangutanes en jaulas mal olientes han sido la mayoría de los hombres la mayoría del tiempo, pequeños y crueles, despreciables babuinos que lanzan sus excreciones como gracias para un público que consume ávido los coliformes voladores que comparten extasiados y risueños.

La Fantasía es más difícil.

Martín Muñoz Kiaser, Marzo 2015.

Es normal que se piense que la literatura fantástica es para niños y adolescentes, y que dentro de los círculos de escritores y la academia mire la fantasía por sobre el hombro. Me pasó con una gringa cuando le dije que estaba leyendo Conan en inglés para mejorar mi vocabulario, y me respondió que la literatura para niños es la mejor para afianzar el idioma. Le ha pasado a colegas en reuniones literarias cuando se declaran amantes de un autor de ciencia ficción y terminan siendo aislados del grupo. Les pasa a los escritores de fantasía cuando pretenden ser leídos y validados por los críticos nacionales que tienen columnas en los medios masivos y les pasa a los escritores nóveles cuando tratan de publicar. Lo que está de moda en los círculos intelectuales hoy en día, es la meta literatura, es decir, la literatura que habla de la literatura; lo que para mí no es más que el síntoma del postmodernismo que aparece tardío en una disciplina artística que se niega a sí misma como arte, y que en general se ciega al cuerpo de conocimientos universales cada vez más asequibles para todos, y pretende aislarse y mirarse el ombligo, generando obras maestras con las pelusas que logra sacar de él de vez en cuando. La literatura fantástica es solo una manera de ganar dinero en el caso de los éxitos gringos, pero nunca entra dentro del reino de la verdadera literatura. La verdadera literatura, la literatura que se precia, no es fantástica.

Me cuesta entender la razón de este desprecio por la fantasía, ya que escribirla es más difícil; porque. Además de escribir una historia interesante, delinear personajes de carne y hueso, debemos también convencer al lector que cosas que normalmente no suceden, pueden suceder y están sucediendo, debemos describir escenarios y artefactos que no existen y mundos que están escondidos en nuestra imaginación, usando en la mayoría de los casos únicamente el lenguaje. Lo que técnicamente se llama, “la suspensión la incredulidad”. Pero creo que efectivamente existen razones para ello…

La primera es que quienes estudiaron literatura, (una carrera donde por cierto no te enseñan a escribir) normalmente no escriban fantasía, y quienes sí se aventuran en ella, sean periodistas, artistas visuales, ingenieros, abogados, enfermeros, guardias de seguridad, escolares, diseñadores o cesantes. No existe en Chile una escuela de escritores, menos una escuela de escritores fantásticos.

Los escritores en general, como la mayoría de los chilenos son pasivos agresivos, todo es sonrisas y felicitaciones en la superficie, y por lo tanto no hay crítica constructiva (quién lo intente se arriesga a ser destruido pues el ego de los escritores es pero que el de los argentinos).

Normalmente además, quienes dictan talleres de literatura fantástica tampoco tienen conocimiento formal al respecto, y los talleres carecen (con contadas excepciones) de una estructura básica de conocimientos técnicos que le permitan a quién quiere aprender a narrar, las herramientas necesarias para construir un relato decente. No necesariamente por que quienes dictan estos talleres no manejen esas herramientas, sino porque muchos no desean entregar ese conocimiento y se centran en factores superficiales y no en los andamios que sustentan una historia.

Otro factor a considerar es el filtro editorial. Las nuevas tecnologías permiten que cualquier persona pueda imprimir un tiraje pequeño, y existen un buen montón de editoriales de pago que publicarán cualquier cosa si tienes el dinero para pagarles. También están las editoriales independientes, en las cuales se publica el dueño de la editorial y sus amigos. Dependiendo de los contactos los libros tendrán mayor o menor cobertura mediática y distribución. Sin embargo el factor común aquí es el nulo trabajo editorial, en Chile no hay edición creativa.

Por consiguiente, la mayoría de la literatura fantástica chilena (con contadas excepciones) es de muy mala o simplemente mediocre calidad (me incluyo dentro de los mediocres).

Paty Espinoza en una entrevista dijo que la innovación en la literatura chilena viene de las editoriales independientes, y que ella está constantemente leyendo y buscando nuevos escritores chilenos, y en su columna de crítica literaria analizando un libro de Bisama dice algo como:

“Publicar ejercicios o pruebas de estilo se ha vuelto una plaga. Resulta frecuente que muchos autores prueben la mano lanzando páginas que bien pudieron leerse en privado, evitando exponer sus balbuceos, sus intentos fracasados o sus desorientadas búsquedas. Por lo mismo, los libros en que se advierte un trabajo riguroso y que al mismo tiempo son estéticamente valiosos son excepciones a la regla” Patricia Espinoza, LUN, 7 de febrero de 2014

No creo que ella se refiriese exclusivamente a la fantasía, pero recuerdo claramente mi impresión al leer esa frase, ese concepto de “Balbuceo literario”. Me sentí helado y completamente identificado, y sentí que la mayoría de los escritores chilenos de fantasía, la mayoría que yo he leído al menos. Somos bebes de pecho que jamás debimos haber publicado en papel. Ser escritor para mí no tiene que ver con publicar, tiene que ver con escribir, y escribir bien. Y sin embargo hay mucha basura dando vuelta, siendo publicada con descaro, con inocencia y con mucho orgullo e incluso mucho sacrificio. Esfuerzos loables, pero que no guardan respeto con el sacrificado oficio de escribir, que al contrario de lo que piensa la gente, es en la mayoría de los casos mal pagado o de plano un hobbie costoso.

No es extraño que la fantasía chilena goce de mala reputación, no es extraño que los niños que escriben hoy en día balbuceen sus textos, y traten con esfuerzo de contar historias más o menos coherentes. Lo que me parecería extraño es que el tiempo, el esfuerzo y la dedicación que le ponemos a esta profesión no den frutos en algunos años más. Extraño me parecería que con la ayuda de las nuevas tecnologías de información el costo de un libro se siga centrando en la impresión y la distribución y no en una edición creativa profesional sólida. Extraño me parecería que a punta de ensayo y error el mercado de los libros no genere un nicho para la literatura fantástica chilena y esta no se desarrolle de forma saludable.

Hay que entender que en Chile no existen concursos serios de literatura fantástica, esta se sustenta en las ventas efectivas de los libros, las cuales con suerte logran cubrir lo que se invirtió en la impresión y la difusión de la novela. La academia no es el sustento de la fantasía, pero el mercado obedece reglas diferentes. El nuestro es el más perecido al norteamericano en términos de comportamiento, y las plataformas digitales promueven la explotación de nichos editoriales tremendamente específicos.

Es por esto que creo que los tiempos están cambiando para la fantasía, no solo por los escritores que han alcanzado madurez editorial, y sobre todo también una madurez que se refleja en su oficio como narradores. Sino también porque existe se ha levantado nueva generación, (de la cual me siento parte), y hemos comenzado un camino de lenta pavimentación y apertura del mercado literario en términos de variedad de temas y formatos, utilizando como herramientas de labranza las nuevas tecnologías. Las cuales le permitirán a los nuevos talentos fantásticos una vía rápida a los potenciales lectores de su obra, pues la nueva visón de esta generación no tiene que ver con acaparar fans, sino con compartir clientes. Porque escribir es un arte, pero el libro es un producto.