La culebra.

  

Con un suspiro se despierta de madrugada.

Los pájaros aun no cantan aun no cae la helada.

En el horizonte las luces brillan silentes.

Testigos de un tiempo muerto un tiempo fuera del del tiempo.

Todo parece vacío, agradable y helado.

La oscuridad se licúa en los brillos anaranjados de la luminaria.

No hay ecos que resuenen ni mar que imponga un ritmo.

No hay gaviotas ni gritos ni motores.

La acuosa oscuridad es como un oceano de petróleo espeso.

Los minutos pasan y el humo que sale de su nariz pesa tanto como su espíritu.

Desea que ese momento sea eterno.

No avanzar. No crecer. No morir. No vivir.

El sentido solo se encuentra en ese momento de silencio.

Donde el tiempo se convierte en una culebra.

Dónde el día muda su piel. Y la humanidad olvida lo que pasó ayer.

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