Un grito en las montañas

En un lluvioso día de invierno rotundo Una jovencita se aleja de su ruka Es la madre del valiente Orompelo Que urge en el vientre por ver la luz del mundo.

Cobijada por ancianas araucarias Entre los picos de una cordillera milenaria Avanza la parturienta pisando con suavidad la nieve Desafiando a leones y cóndores, el héroe a la vida viene.

Con las piernas tambaleantes metidas en el río Grita los estertores de su embarazo En una ofrenda de sangre, placenta y brío. Rota por el pueril llanto que cae al agua sin buscar los brazos

Un halcón se posa en la rama de un roble Un potro abreva frente a la nueva madre Un trueno acalla a los espíritus del aire Es Pillán que bendice al neonato con su sangre.

El infante ha caído al agua y nada por su vida Tal es la costumbre de su raza y de sus dioses Solo los más fuertes pueden alzar sus voces E imponer al destino su voluntad empedernida.

Con su vientre plano y su amoratado trofeo Que ya busca sus vírgenes pezones La mujercita vuelve adolorida y orgullosa La leche abunda en los pechos de la moza.

La criatura duerme plácida aún sin nombre Esa es la herencia de su abuelo reclamada al hacerse hombre Lo recibirá más tarde cuando demuestre su valía En competencia con sus hermanos de otras madres.

En medio del bosque crece, caza y se alimenta Entrena, estudia y se convierte en un guerrero Esta es la historia de Orompelo El campeón mapuche de Nahulebuta.