Entrevista.

  1. ¿Cómo te interesaste en la fantasía y la ciencia ficción?
    La verdad es que tuve una infancia difícil, con cambios de ciudad y familia constantes. En cada cambio había gente que me leía las historias de Pedro Urdemales o Shogun para que conciliase el sueño, otros que inventaban historias disparatadas o fantásticas y algunos contaban pasajes de la historia universal como si fuesen anécdotas de lo cotidiano, tuve suerte.  Uno de mis primeros recuerdos de infancia es a mi mamá diciéndome que la película que veía en el betamax era para adultos; Puedo ver con claridad el cuerpo humeante de Arnold Schwarzenegger interpretando al androide T-800 llegando de su viaje en el tiempo para matar a Sarah Connor. Luego estuvo la televisión y “El auto fantástico” “El hombre Nuclear” “McGiver” “Lobo del aire” y “Manimal” Todas series que fueron un escape necesario y que me legaron la necesidad de asombro que siento cuando me enfrento a una historia. Después, en uno de estos cambios la televisión se fue, y todo lo que tenía a mano eran algunos libros viejos y un par de tomos empastados de Mampato, los cuales leía y releía todas las noches… En resumen, no creo que haya habido un punto en que me interesara por la fantasía y la ciencia ficción, crecí con ella y por tanto, es para mí una forma natural de expression.
  2. ¿Cuáles son los autores de literatura general o de fantasía y ciencia ficción que más admiras y que sientes que te han influenciado de alguna manera?
    Homero, Valerio Massimo Manfredi, Milan Kundera y Ruiz Zafón. Lawhead, Salvatore, Howard, Tolkien, Asimov. Nabokov y Moravia tienen menciones especiales. La verdad es que lo que leo y admiro está lejos de lo que escribo, aparentemente. Tengo que detenerme aquí para explicar que a la hora de crear nunca he pensado en el género, ni siquiera en la literatura misma. Mi afán siempre es contar una buena historia, y para lograr ese objetivo no es el género lo relevante, sino las herramientas que uno aprende de las lecturas que se han hecho y el mensaje que se quiere transmitir.
    ¿Alguna obra que te haya afectado de manera especial?
    Creo que cada buen libro deja una huella, pero puedo nombrar La Biblia, ya que es una obra con infinidad de relatos, que van desde el gore al porno, pasando por la ciencia ficción y la literatura romántica. La Ilíada, La Odisea, La Araucana, Ni por mar ni por tierra, La insoportable levedad del ser, La náusea. Son también algunos de los libros que han calado más hondo en mi persona y también, espero, en mi literatura. Algunos por su forma, otros por su contenido.
  3. ¿Puedes elegir solo un párrafo de tu obra, especialmente significativo para ti, para compartir en este espacio?

“Fue justamente a raíz de  este problema de concentración que Gabriel me habló de un sacerdote Jesuita como él que se codeó con Albert Einstein y fue el padre de la teoría del Big Bang, este hombre de fe y ciencia se llamaba Gorges Lamaître, un Belga que estudió ingeniería y luego física. Posteriormente busqué fotos de él y me pareció un gordito muy simpático, y al leer más de su vida me inspiré y decidí convertirme en astrónoma. Gabriel me dice constantemente que cada vez que sienta que la tentación se cierne sobre mí debo pensar en las estrellas, las constelaciones y la vastedad del cosmos; en que los astros y galaxias que veo a través del telescopio se han apagado millones de años atrás, y que su luz es todo lo que queda de ellas, viajando millones y millones de años para impactar en mi retina y permitirme mirar el pasado del universo. Nuestras vidas, dice Gabriel, son más que esas luces, pues nuestras almas son eternas y su luz jamás se apagará si buscamos la santidad. Es por eso que estoy en constante batalla con mi cuerpo y sus impulsos naturales. Según Roberto es propio del cuerpo adolescente que va alcanzando la madurez sentir deseos irrefrenables de reproducirse pues, hasta hace muy pocos años, la expectativa de vida de nuestra raza no alcanzaba más de treinta años. Eso significaba que la ventana para poder tener hijos y llevarlos hacia la madurez sexual no sobrepasaba los quince. Los humanos debían procrear para sobrevivir. La cultura actual, dice Roberto, no está en sintonía con la manera en que el ser humano ha evolucionado durante milenios, y este desfase genera una neurosis colectiva que hace que la civilización parezca no tener sentido. El sexo es la fuerza que nos mantiene vivos, el deseo está impreso en nuestros genes y es un llamado que no podemos ignorar.”

Pornología. Cuento: Amelia. Publicada por Austroborea, año 2015

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