Charla: 6to Encuentro de Ficción Y Fantasía.

Ver el Video.

Gracias a todos los que nos acompañaron en la Charla de Ciencia Ficción y Fantasía del Centro Cultural de las Condes. Los que se la perdieron, pueden ver un extracto aquí.

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Evento Z: La novela para los amantes de los Zombies

Diciembre, 2014.

La llegada de un trasatlántico al puerto de Valparaíso provoca una misteriosa pandemia y el consiguiente caos que genera situaciones de terror, involucrando a dos jóvenes adolescentes, a ejecutivos de una multinacional y a muchos otros que se van encontrando en el camino cuando huyen de los zombis, donde los lectores somos acompañantes, minuto a minuto, de la verdadera pesadilla que viven sus personajes.

Así comienza Evento Z, la tercera novela de Martín Muñoz Kaiser, una entretenidísima aventura que relata las peripecias de dos grupos humanos durante un apocalipsis zombi en Valparaíso. Un libro que fascinará a los amantes de historias de muertos vivientes, ya que nada tiene que envidiarle al mejor best seller gringo, con el plus de que “Evento Z” es un libro chileno, de características chilenas, de idiosincrasia y de genialidades muy chilenas.

portada simple Evento Z

El 2012, Muñoz Kaiser publicó en Editorial Forja “El martillo de Pillán”, una fantasía épica precolombina que rescata la mitología, las costumbres, la flora, la fauna y la geografía de nuestro país. El 2013, junto a Sergio Amira, publicó “WBK Warm Blooded Killers Asesinos”, una novela negra matizada con altas dosis de acción, erotismo y ciencia ficción.

La calidad de su obra lo ha llevado a ser publicado en España e Italia y ha sido traducido al italiano y al alemán.

Éxito que Martín Muñoz Kaiser espera repetir, tras ser uno de los 13 escritores chilenos elegidos por el Consejo Nacional de la Cultura para participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2014, donde presentó “Evento Z” en el pabellón de Chile, junto al escritor mexicano Jonathan Hernández y al editor chileno Gonzalo Pedraza.

El libro fue lanzado por primera vez en la FILSA 2014 en una atractiva presentación, que se repetirá el próximo miércoles 21 de enero a las 19.00 horas en la Feria Internacional del Libro de Viña del Mar, junto a Carlos Calderón Ruiz de Gamboa y a María Eugenia Lorenzini.

Precio de referencia: Librerías Antártica: $11.900=

PRENSA

Daniela Valle L.

Editorial Forja

daniela.valle@gmail.com

(56-9) 9825 8859

La Portada de Zombies en Valparaíso una Pandemia Mundial.

portada simple Evento ZCuando Edvard Munch pintó el grito, enmarcado dentro del la vanguardia conocida como Expresionismo Aleman, su pintura causó tanto impacto que se la aconsejó a las mujeres embarazadas que no lo contemplasen. La fuerza expresiva de la angustia es lo que Rodigo Carmona, el ilustrador de la portada de Evento Z, Zombis en Valparaíso, plasma con éxito su ilustración.

La fascinación por los zombies, creo, comienza con el bombardeo de las profesías de acabo de mundo en el 2010 y tiene su punto algido a fines del 2012. Los humanos sabemos perfectamente que algunos de nosotros, algunas personas en el mundo, tienen en sus manos el poder de destruir por completo la vida humana. No le tememeos a un meteorito, ni a una inundación, ni a la llegada de los extraterrestres. Nos tememos a nosotros mismos. Además, ya hemos perdido la postrera fe ciega en nuestros gobernantes, y sabemos que la clase política es simplemente una marioneta de los conglomerados económicos multinacionales, que tienen los derechos de una persona sin ninguna de sus obligaciones; son eternas, no pueden ir a la carcel, no tienen miedo y quienes están detras de sus deciciones, excusan su inmoralidad aduciendo profesionalismo, pues un buen CEO es alguién que muestra buenos números. Y los números son lo más importante. Vemos constantemente como la avaricia y la irresponsabilidad de quienes hemos elegido para representarnos dañan descaradamente con sus decisions a la sociedad completa y abusan del poder otorgado por el pueblo. La democracia ha probado estar en estado de obsolescencia e inoperancia, y lo que es más preocupante, siendo aplicada de manera irresponsable. ¿Qué va a suceder cuando finalmente aprienten el boton? ¿Qué va a suceder cuando finalmente contaminen las aguas con algún agente patógeno para enriquecer a las farmaceuticas que les pagan las campañas, y este agente se les salga de control? Tenemos miedo, sabemos que caminamos por el borde de un precipicio que se hace cada vez más alto y su senda más delgada, y sin embargo, cerramos los ojos y lo reprimimos, nos seguimos levantando, llendo a trabajar, a dejar a nuestros hijos al colegio, llendo a tomar cerveza con nuestros amigos, mirando los partidos de la selección y guardamos nuestra angustia.

La neurosis colectiva require métodos catárquicos que nos permitan liberar la tension atrapada en nuestros pechos como una olla a presión que buscan deportes extremos, juegos de video ultraviolentos, y por supuesto, la fantasía de todo ser humano apestado de la gente que lo rodea y lo aplasta en el metro en hora punta. Los Zombies; Evento Z, son la valvula de escape y esta portada expresa de manera contundente la desesperación de vivir en la sociedad actual.

Sinopsis – Evento Z

Una misteriosa pandemia se esparce por el mundo, un transatlántico entra en la rada de Valparaíso, un turista cae muerto en las calles del puerto y revive para morder a los bomberos que le dan los primeros auxilios.

El Apocalipsis Zombi se esparce lento, rampante y silencioso, y explota en las narices de las autoridades que no alcanzan a declarar estado de emergencia.

En medio del caos, Javier, un escolar de catorce años, intentará llegar a su hogar poniendo en práctica el plan de contingencia zombi, trabajado y perfeccionado durante los recreos con Weiping, su mejor amigo.

Al otro extremo de la ciudad, Claudia, ejecutiva de una multinacional, escapa de su lugar de trabajo junto a Shanon y Pedro, dos compañeros a quienes apenas si conoce. Juntos luchan por llegar a Valparaíso y sobrevivir a las oleadas de hambrientos que intentan devorarlos.

Evento Z: hambrientos en Valparaíso te mantendrá igual de tenso y alerta que a sus protagonistas. Una novela única en su género en Chile, dispuesta a morderte y contagiarte con el hambre por la buena literatura de terror.

Pronto, en las mejores librerias del país.

Costura Azul

ImageComo cada día, Hernán Montenegro salió del baño recién duchado y acicalado, se vistió cuidadosamente, metió ordenadamente la camisa dentro de su pantalón y se arregló la corbata. Un tango sonaba en su vieja vitrola, y al ritmo de ese sonido sucio y cadencioso, se colocó la chaqueta de lino negro, que le quedaba un poco ajustada, y salió a la calle.

La humedad de la neblina matinal, que se había instalado sobre el puerto le despejó aún más; pues ese día, alguien muy importante para él, vendría a visitarlo.

Bajó por una empinada y angosta escalera hasta llegar a un funicular, pagó el módico importe, y sintió como la jaula metálica se sumergía en la ciudad bamboleándose con él, encerrado en su barriga.

El armatoste se detuvo, y Hernán caminó con paso seguro por un pasillo largo, estrecho y lúgubre. Pasó al lado de un par de maseteros; y unos cuantos gatos que lo miraron con desinterés, mientras lamían leche de un plato de té, puesto en el dintel de una puerta pintada de amarillo. Unas camisas colgaban desde unos tendederos que se asomaban desde las ventanas en lo alto, y una pequeña linea de luz vertical, al fondo, marcaba la dirección en la cual se dirigían sus pasos.

Salió a la calle principal y avanzó dos cuadras hacia la derecha, entró a al café de siempre, y como todos los días, escogió una mesa junto a la ventana, y encendió un cigarrillo.

El mesero lo saludó, le trajo un cenicero y solo con un gesto de Hernán, entendió que debía traer lo de siempre. Un café esspreso y un pan delgado y crujiente con una capa de mantequilla, unas lonjas de carne, queso fundido y un huevo frito.

Hernán miró su reloj y suspiró, se miró en reflejo del ventanal y trató de controlar sus nervios, pues ese día, tenía una reunión importante; mariposas aceradas rasgaban su estómago, como si de un amor adolescente se tratase.

Al terminar su desayuno, tomó una de las delgadas servilletas del vaso plateado y se limpió la comisura de los labios y la punta de los dedos; arrugó el papel transparente por la grasa absorbida, y lo colocó bajo el borde del plato; apuró el ultimo sorbo de su café, dejó un billete sobre la mesa y se levantó. Alzó la mano en señal de despedida y salió a la calle, que estaba llena de gente de cuello y corbata caminando apresurada en diferentes direcciones, y se dirigió a su oficina.

 

Hernán se desembarazó de su chaqueta y se arrellanó en su cómodo sillón de cuero, revisó los papeles que su secretaria le había dejado en el escritorio, miró el reloj por enésima vez, y movió su pié nerviosamente una y otra vez golpeando el parqué.

Procesó el papeleo bastante rápido y abrió la ventana, el sonido de los vehículos, los pasos y las conversaciones del exterior llenaron el espacio, y encendió otro cigarrillo para matar el tiempo, aspiró profundo y luego soltó una larga bocanada de humo azul mientras ensayaba sus gestos y frases en la mente, para estar preparado para cuando llegase la visita.

 

Sonó el teléfono y su secretaria le dijo que una mujer llamada Ana se encontraba en la sala de espera. Hernán apagó su cigarrillo a medio fumar, y cerró la ventana apresuradamente, se acomodó la corbata y revisó que su cierre del pantalón estuviese arriba, se miró en el reflejo de la ventana, se desordenó un poco el pelo ondulado y suspiró nervioso antes de abrir la puerta con la mayor naturalidad del mundo y sonreír con los brazos abiertos.

 

―Buenos días Ana.

―Buenos días Hernán, ¿puedo pasar?

―Por supuesto, te estaba esperando.

―Gracias por recibirme . ―Dijo Ana, y entró silenciosamente en la oficina saludándolo con un beso en la mejilla; y haciendo gala de su garbo natural, se sentó despacio en uno de los sillones y cruzó las piernas. ―¿Puedo fumar? ― agregó sacando una cajetilla de cigarros mentolados del bolsillo de su abrigo de fieltro rojo, mientras se acomodaba el cabello.

―Claro que puedes Ana, estas en tu casa.

―¿Cómo has estado primo?

―Muy bien, gracias por preguntar. ―Mintió Hernán, sonriendo con descaro, sintiendo que al pronunciar esas palabras, el vacío en su pecho se hacía más evidente aún.

―Hace mucho tiempo que no nos veíamos, mi madre me ha mantenido al tanto de tu vida, sabía que tenías esta oficina en el centro, pero la verdad es que no me había decidido a pasar a saludarte.

―Siempre seras bienvenida en mi oficina Ana, si te puedo ayudar en algo, solo tienes que pedirlo. ―Contestó Hernán sentándose frente a ella, colocando un cenicero en una mesita junto a los dos sillones. ―Mi vida es relativamente monótona, cuéntame de ti Ana, no se nada de tu persona desde hace… catorce veranos.

―Los veranos eran nuestros ―Sonríe Ana dulcemente como perdida en los recuerdos que esa palabra evoca en su memoria.

―Se que te casaste con un médico de excelente familia ―Exclamó él fingiendo alegría.

―Soy muy feliz primo, soy la jefa en mi trabajo, mi marido es muy bueno conmigo, no es celoso, me consiente en absolutamente todos mis caprichos; compramos un terreno hace poco, y estamos construyendo nuestra casa; quiero que tenga una enorme cocina, y una cava de vinos, como la que había en la casa de tus padres, un amigo nuestro que es arquitecto está diseñándola a nuestra medida.

―¿Cómo está tu padre? Supe que perdió absolutamente todo con el maremoto, vino a ver a mi madre hace unas pocas semanas, lo vi cansado, me recordó a nuestro abuelo.

―La compañía de seguros va a correr con la mayoría de las pérdidas, pero él no quiere volver a empezar, y eso me preocupa primo; yo, mis hermanas y mi madre no sabemos cómo ayudarlo, tal vez necesita el apoyo de un hombre al cual se sienta más cercano… ¿Y tu madre, cómo está ella?

―Mi madre está bien, trabajando como siempre, dejó de fumar, se compró un departamento con vista al mar, preparándose para la vejez, para cuando la última de mis hermanas se vaya de la casa.

―Siempre admiré a tu madre, tan elegante y siempre tan decidida, aprendí a cocinar mirándola a ella sabes.

―Es una gran persona. ―Remata Hernán encendiendo un cigarrillo, se siente incómodo con el tema, pues nunca se ha sentido un digno hijo de su madre, él no heredó su entereza, su espíritu combativo o su capacidad de trabajo, que asombran tanto a los observadores externos, frunce el ceño y desvía la mirada.

―¿Cómo va el amor? ―Lo interpela ella con una sonrisa pícara, intentando llevarlo hacia otro tema. ―Estoy segura que deben haber muchas solteras esperando a que las invites a salir.

―Nada serio ―Se apresura a responder él nervioso y aún más incómodo.

―Tu secreto estará bien guardado conmigo ―replica ella divertida.

―¿Para qué viniste Ana? ―Dijo Hernán, mientras el humo sale por su nariz y su mirada se endurece.

―No te enojes Hernán, ―Ana hace un puchero y entrecierra los ojos a manera de reproche ―Solo quería saber de ti, mis mejores recuerdos de infancia te tienen a ti como actor principal.

―Eso fue hace mucho tiempo Ana, ¿por que ahora? ―Ella guardó silencio un momento y su mirada se perdió en un pensamiento, su semblante cambió y dio una larga succión a su cigarrillo.

―Quería pedirte disculpas Hernán, por lo que pasó durante esas vacaciones.

―No tengo nada que perdonar, yo estaba con esa mujer cuando tu llegaste, es lógico que hayas reaccionado como lo hiciste, además, solo tenías catorce años.

―Pedro aún me envía cartas de amor. Está casado, tiene una hija, y aún así insiste en que nos veamos. ―Tú sin embargo, no me buscaste nunca más, quiere decir ella a continuación, pero se traga sus pensamientos.

―No he visto a Pedro en años, y francamente no me interesa saber de él. ―responde Hernán secamente, visualizándose sobre Pedro moliéndole el rostro a puñetazos, sintiéndose patético y humillado.

―Después de ese verano que pasamos juntos, en la casa de tus padres, vine a disfrutar de la temporada estival a la región muchas veces, siempre salíamos con los que habían sido tus amigos, Armando y Pedro. Ellos estaban completamente locos; Nos paseaban por toda la ciudad en su automóvil, con la música a todo volumen y en un estado etílico sorprendente; nos la pasábamos de fiesta en fiesta.

―Nunca supe de aquello y no me interesa. ―La cortó Hernán arrugando el cejo, mordiendo con fuerza, los maceteros se marcan en su rostro.

―Encontré las cartas que esa mujer te escribió ese verano, sé que tienes un hijo con ella. Lo he visto, se parece mucho a ti. ―Hernán abrió los ojos de par en par y su indignación se calló al suelo.

―Pensé que nadie sabía de eso. ―Ana mantenía su barbilla en alto.

―Yo estaba dispuesta a perdonarte ese error.

―Siempre supuse que estabas jugando conmigo, después de todo, te fuiste con mi mejor amigo. ―Sus ojos se encontraron nuevamente y guardaron silencio por un minuto, Hernán se sentía desnudo, pensaba que este reencuentro sería completamente diferente.

―¿Por qué me rechazaste Hernán? Quiero que me lo digas tú mismo.

―Si me quedaba a tu lado no hubiese sido nada más que un juguete para ti, no quiero que nadie juegue conmigo. ―Y aquella última frase le dejó gusto a orgullo e ira en su garganta.

―Imagino que cuando sea ya muy anciana, verás las cosas de manera diferente, y vendrás hasta mi. Y podremos estar juntos para siempre, porque, no puede ser que sea siempre yo la que te busca, y tu el que dice que me ama.

―Si tuviese la certeza de que no estas jugando conmigo, si no hubieses hecho lo que hiciste… ―Hernán hizo una pausa y tragó saliva antes de continuar, ―Te propondría escaparnos juntos ahora mismo, olvidarnos de todo y amarnos en un país lejano y exótico.

―Tu oportunidad ya pasó primo, eres uno de mis mejores recuerdos. Pero yo amo a mi marido, y lo respeto. ―Y esta última palabra sonó como un latigazo que pone a raya a un león salvaje. ―Yo nunca jugué contigo.

―Ana. ―Replicó Hernán y acto seguido agachó la cabeza. ―¿A que has venido entonces?.

―No me queda mucho tiempo.

―¿Tienes que irte?

―Algo así.

―¿Ahora?

―No, aún me quedan algunos minutos. ―Ana encendió otro de sus pitillos y aspiró con fuerza ―Solo quería que supieras que te amé de verdad, y que eres un hermoso recuerdo, que este amor se pone más dulce con el tiempo, y que este sentimiento no menguará con las edades. El pasado no vuelve lamentablemente, pero podemos soñar con un futuro.

―No te entiendo. ―Responde Hernán y un silencio llena la habitación por enésima vez, y vuelven a mirarse a los ojos.

―Creo en el juramento que le hice a mi marido, es un buen hombre y lo respeto, jamas podía ser la amante de nadie. ―Dice Ana por fin.

―Si vienes conmigo, nadie sabrá de nosotros, para qué esperar una vida entera para ser felices, si podemos estar juntos para siempre. ―Hernán le tomó la mano suplicante. ―Escápate conmigo Ana, ahora mismo.

―No has entendido.

―¿Qué no he entendido?, está claro que me amas, y quieres estar conmigo.

―Me queda poco tiempo Hernán, y jamás he dicho que te amo durante nuestra conversación, tal vez fue un error haber venido, mi intención nunca fue darte falsas esperanzas.

―Se que tienes que irte, pero concertemos otra cita, te prometo no insistir en revivir lo nuestro, solo para conversar de la familia y nuestros recuerdos, lo prometo.

―Hernán, ―Lo cortó Ana poniendo delicadamente su índice sobre los labios, al tiempo que una lágrima corría por su rostro ―Estoy Muriendo, solo quería dejar las cosas claras antes de irme, pero parece que las he enredado más.

Ana se acerca a él y deposita un pequeño beso en sus labios, acto seguido se levanta del sillón. La mano de Hernán tiembla, su boca tirita entreabierta y sus ojos escancian sus salados fluidos sobre el piso, su pecho apenas oscila; congelado, mudo.

La puerta de la habitación se cierra tras ella.

 

Un canoso Hernán está sentado en la terraza de su casa, la vitrola llena el aire con un tango antiguo y él mira la actividad del puerto, y luego observa los barcos que llevan sus cargas a lejanas latitudes, imagina las gentes y los idiomas y las calles extrañas, los mercados y las luces… Va más allá y escruta la bastedad del horizonte, donde el azul del mar se junta con el azul del cielo y el mundo parece terminar, buscando un sentido para las vicisitudes de la vida.

 

El Puto Mundo 3 – La balada de Ernesto Cardenas

Ernesto revisò el bolsillo del pantalòn donde habìa dejado el cartòn de loterìa, pero no encontò màs que pelusas, se levantò rapidamente y se dirigiò a la cocina, en donde habìa abierto el diario por primera ves uand llegò a su hogar el dìa anterior.

Estaba practicamente desnudo y el sol se habìa levantado ya, el piso de madera de la pequeña casa que habitaba con Julia hace ya tanto tiempo no estaba frìo, mirò la hora y diò un respingo, era demasiado tarde, su reloj despertador a cuerda nunca fallaba, y el habìa recordado poner el despertador a las seis y media de la mañana, como todos los dìas de su vida.

Ernesto cardenas se habìa quedado dormido y no habìa llegado al trabajo, eran las doce del dìa y èl aùn no sabìa que estaba haciendo en medio del comedor, la casa estaba desierta, la tetera no estaba en su lugar, el diario estaba en la mesa de la cocina y no en su velador, su despertador no habìa sonado, habia dormido màs de la cuenta, su esposa no preparaba el almuerzo y solo faltaba una hora para que ella caminara hasta la tornerìa de fierro con su lonchera de metal con el almuerzo recien preparado, con un trozo de pan batido reien comprado en la panaderìa, un poco de pebre y el menù diaria, Julia ejecutaba los preparativos de sus comidas exactamente como a èl le gustaba, pero ahora, Julia no estaba.

  Un escalofrio recorrio su espinazo un zumbido tapò sus oidos y se sintio mareado, un retorcijòn de estomago le provocò ganas de vomitar sus manos perdieron fuerza, su vista se nublo su corazòn latìa acelerado su sistole y su diestole eran un par de bombos que marcaban cada milesima de segundo del proceso de hacer suyo el nuevo conocimiento, procesarlo, entenderlo, aceptarlo y darse por aludido.

Con los ojos inyetados en sangre golpeò la mesa y lartiò en dos, se dirigiò a la pieza y se vistiò con la misma ropa de ayer resoplando de ira y frustraciòn, abriò el armario para buscar el revolver calibre treinta y ocho que habìa heredado de su padre y se diò cuenta de que faltaba la ropa y los zapatos de julia, la prolija mujer habìa dejado un hueco cortado con visturì en la vida, el alma y el hogar de Ernesto, quien con los nudillos blancos y la mano apretada en el mango del arma de fuego, avanzaba hacìa la puerta de la casa.

 Sudando copiosamente y con el rostro desfigurado avanzò hacia su objetivo, corriò hacia el centro de valparaìso atropellando a cuanta gente se le ponia por delante, jadeaba por el cansancio y las emociones que se acumulaban en su pecho, golpeò el asfalto sin mirar atras hasta encontrar la direcciòn que buscaba, sabìa que lo encontrarìa trabajando, avanzò hacia el interior de la talabarterìa y un fuerte olor a cuero le golpeò el rostro, su odio se acrecentò y su mano comenzò a temblar, cuendo el hombre lo vio le preguntò amablemente.

– ¿En què lo puedo ayudar, caballero?